domingo, 22 de mayo de 2011

sábado, 21 de mayo de 2011

El día de la marcha.

O el día anterior al apocalípsis zombie. O al fin de los tiempos. La realidad explota exponencialmente alrededor nuestro, acercándose al punto de ebullición en que la historia como la conocemos quedará atomizada y vuelta una sola línea de frecuencia, como un pulso marcado demasiadas veces, como el punto que se repitió hasta volverse línea.

La gente sale a las calles a protestar por la belleza de paisajes que nunca ha visto, a marchar por un balance ecológico que no afectará sus vidas en lo más mínimo. Protestan contra una medida que probablemente hará sus vidas más fáciles, en al menos dos sentidos.

No deja de ser hermoso.

Lo que hay de fondo, intuyo, no es ni con mucho un afán ecologista o un interés real por la "belleza de nuestro territorio", para nada. Hay un grito desesperado, ahogado, perdido entre distorsiones electromagnéticas, encriptado entre mensajes breves y descargas binarias. El grito de seres humanos despojados de su humanidad y su capacidad de decisión, el grito de una clase que se conforma por todos aquellos que no tienen derecho a elegir nada de nada en esta vida.
Casi todos nosotros. Todos nosotros.

Cansados de no poder decidir nada, cansados de ver cómo unas figurillas de cartón toman decisiones por nosotros, sale la gente a marchar. Hoy por una central hidroeléctrica, mañana por cualquier otra cosa. ¿Y si marchamos para que los senadores no puedan re-elegirse perpetuamente con la trampa del cambio de dirección? ¿Y si salimos a protestar para sacar de una buena vez a esta tropa de atorrantes y ordinarios de nuestros Congreso y de la vida política?

No, más fácil es decir que no nos interesa la política, más fácil es apretar un botón que dice que esto me gusta que articular una respuesta coherente en la que te explico por qué me gusta.

Decir "soy apolítico" es otra forma de decir "soy un tarado de marca mayor". La economía del lenguaje en acción.

Del otro lado, las figuras del poder reprimen y se dan unas vueltas de carnero para adelante y para atrás. Dicen que las bombas lacrimógenas son abortivas, las prohiben. Días después dicen que han encargado estudios, que la cosa no es tal. Vuelven las bombas.

El estudio data de 1973. No deja de ser horrorosamente hermoso.
Sino es un chiste cruel de las autoridades represivas, es la voz viviente de una ciudad populada aún de fantasmas eléctricos, de esos que se quedaron penándonos en sus últimos estertores en la era en que todavía no podían plasmarse en correos electrónicos y fotos de celular. Toda esa corriente chamuscando la piel del cuerpo nacional, todos esos recuerdos olvidado, a algún lado tenían que ir, a algún lado se fueron.

Y hoy la gente salió a marchar. No queremos más electricidad. Quizás lo que este país se merece es un apagón total. Quizás así nuestras noches se vean iluminados por los espectros aquellos. Es cosa de ver quienes promueven esta Central nomás. A alguien le conviene que las noches estén iluminadas, alguien no quiere ver esos fantasmas.

Mientras tanto, Alguien se está robando Algo. Y aquellos que toman las decisiones siguen siendo los mismos, o sus primos. Y la gente sale a marchar. De a poco, afuera, sin botones cobardes ni gestos virtuales. La revolución será transmitida como un stream simultáneo desde las cámaras de todos, pero será sin emoticons.


Y sí, a mi me gusta esto.

domingo, 15 de mayo de 2011

La verdad de las pesadillas.

La verdad de las pesadillas es, por lo general, bastante más clara que la verdad de los sueños. Esto porque como con todo suceso trágico, una de las dos caras de su signo está clara: su significado es malo. Mientras un sueño placentero nos deja con treinta y siete mil cuatroscientas treinta cuatro interpretaciones posibles de por qué era que ese auto era verde y por qué es que me interesa pasear en un Bugatti del 62 con la prima de mi amiga que nunca dice nada en las fiestas, existe un abanico de opciones bastante más limitado para esas imágenes tormentosas o esas sensaciones de angustia que nos hacen despertar más o menos agradecidos de que el sueño terminó.

Hace un par de años tuve una pesadilla terrible. Desperté confundido y asustado y preocupado del sólo haberla soñado, como si alguien me persiguiera desde mis sueños hasta la cotidianeidad de la vigilia. Me fui a mi trabajo de entonces esa mañana dándole vueltas y vueltas a lo que había sentido al soñar y de pronto, Epifanía Ahora, tuve todo claro. La idea de la pesadilla era mostrarme, precisamente, un cierto aspecto de mí, un miedo a perder algunas cosas que eran absolutamente perdibles; y hacerme repudiar todo eso.
Quedé feliz, me sentí una mejor persona y me atreví a tomar ciertas decisiones. No hay nada mejor que una mala situación dada vuelta.

Hace instantes tuve otra de esas pesadillas. Clarita e iluminadora. Una suerte de psicoanálisis a la vena, entendiendo el psicoanálisis como una sustancia densa y dolorosa, de esas que requieren una tremenda presión de la hipotética jeringa que los inyecta. Todavía tiemblo y este post lo he escrito convaleciendo de ella, de ahí su prosa un tanto más pegoteada de lo habitual. Pero aprendí harto, y comprimido en un par de horas. Mal que mal, la sabiduría de todo el tiempo cuesta un ojo; un par de horas y un mal sueño son un precio bastante barato para una epifanía individual.

Todavía no me decido si las pesadillas te inyectan verdades o te las extraen.

Probablemente ambas.

sábado, 14 de mayo de 2011

Noches Copiapinas.

Las Noches Copiapinas tienen una atadura especial para mí. De niño, cuando vacacionábamos en el Norte Grande, Copiapó era el punto medio, el último destino en que se podía descansar: dividíamos la travesía en dos días porque papá no gustaba de manejar de noche y mamá no gustaba de manejar en carretera. Saldríamos a eso de las 4 o 5 de la mañana de Santiago y a veces conseguíamos un almuerzo tardío en la capital de la III Región. Nos quedábamos en una hostería en la salida Norte, cuya piscina, aún en los años en que no me gustaba para nada nadar, marcaba el comienzo oficial de las vacaciones familiares.

Miento, por supuesto. El comienzo oficial de las vacaciones familiares lo marcaban los sandwiches preparados por mamá la noche anterior, acompañados del café en termo. Comida en movimiento y bebida en termo, dos cosas en las que mi familia sólo incurría durante el viaje de vacaciones.

La hostería seguía ahí años después cuando con Kay vacacionábamos, comprometidos para casarnos, con su familia. Las hizo de campamento base en nuestras excursiones al interior de la región, los bellos y marcianos pasajes de Laguna Verde y alrededores. Fue la última vez que vacacionamos juntos.

La hostería sigue ahí, pasé por ella el otro día en mi camino a uno de los colegios de la zona.


Trabajo acá en las semanas y mi mente apenas se escapa a los lugares de siempre. Los fines de semana voy a Santiago y mi mente colapsa, se tira sobre la cama a dormir, se dedica a visitar a todos los que puede visitar mientras yo estoy ahí, realmente ahí, mi trajepersonalidad de trabajo tumbado en la lavadora del edificio.

Las noches de semana a veces salgo. Trato de no hacerlo mucho porque estoy lo suficientemente viejo para no querer salir si no es con vuelta al amanecer. Hay algo de las noches interrumpidas que me parece profundamente decepcionante, como si no tuviera sentido salir de la rutina para salir a medias. Como si fuera una pérdida de(l) tiempo en potencia. Cuando salgo las noches de semana, con mi trajepersonalidad seguramente escondido bajo mis ropas de civil, me muevo por el centro, no pienso mucho, la memoria contenida en una caja china dentro de otra caja china dentro de otra caja china.

A veces, como hoy, me quedo los fines de semana. Lejos de cargar mis ánimos de fiesta y lanzarme libre de responsabilidad alguna a recorrer todo lo que este pueblo tenga que ofrecerme, me hallo, independiente de mi grado de cansancio laboral, caminando lento por las noches, mirando las estrellas. Inevitablemente, me siento de vacaciones. Me llenan los trazos de esas sensaciones de soledad, de querer estar solo para no estar con mis papás, de querer estar solo, sólo mirando el cielo, tan distinto de mi esquizofrénica ciudad de origen. La reclusión más dulce a espacio abierto.

Mañana continuamos el viaje.

sábado, 7 de mayo de 2011

Compresión

A veces, mi querido lector, la vida se comprime nomás. El tiempo se condensa y uno se encuentra viviendo a un ritmo que le deja a uno todo el sabor del convencimiento de que si nuestra cronología es lineal, dicha línea está más que curvada, torcida, estirada, desvencijada y revolucionada.

Ayer fue un poco así. Viajé de Copiapó a Santiago para no tener un segundo de descanso: entre trámites bancarios, reuniones de trabajo, visitas a doctores que se negaron a darme receta para lentes ("porque tu vista está perfecta, es cosa de que leas menos o disciplines tu exposición al computador"...uno de los problemas de no tener un médico de cabecera, en fin...), y tantas otras cosas, el día de ayer estuvo como esos especiales con muchos actores invitados, de esos en que uno sospecha que la producción no tenía mucha idea de cómo llenar el espacio. Pero estuvo más que bien, reencuentros con gente que no veía hace meses, años incluso, despedidas semi-definitivas de gente que se va para no volver en un tiempo más, caras nuevas por aquí y por allá. "Police on my Back" como soundtrack mental.

Hoy: el otro lado de la curva. La descomprensión de las diez horas de viaje real y las treinta y seis horas de viaje metafórico. Un día en que hice poco y nada que no fuera actualizar sistemas operativos (de computador) y ver mi dosis semanal de Doctor Who: un capítulo justo cómo el que me hubiera gustado ver una semana atrás...pero que esta semana se sintió un poco fuera de lugar. El secreto está en el timing, siempre.

Hoy pijama, pantalón de buzo. Recibir encomiendas y comer rico. Hacer un poco de trabajo de edición en declaraciones de propósitos de amigo. Al pie de la cama, mi traje de party animal, ligeramente agotado y gastado. Había pasado un tiempo sin que lo usara como es debido. No tanto, me responden mis editores internos, estuvo esa vez en Copiapó hace un par de semanas...pero mi sistema operativo en Copiapó es otro. Hasta que no me halle aullando "Rock'n Roll" de Led Zep rodeado de un grupo de gente que conocí hace tres horas no cuenta nomás.

A mi vida le está faltando una suerte de experiencia metafísica, escribí en un mensaje privado esta semana. Postmodernamente un correo de dos meses atrás ya me dice "Copiapó es el mejor lugar de Chile para conseguir cactos de San Pedro". De fondo Joe Strummer canta con el que fuera el último de sus grupos, the Mescaleros. Algo se cocina en el ambiente.

Anoche bajaba la escalera de un local con Lautaro. Después subía la escalera de un local con Lautaro, gritándole por encima de los beats genéricos que la segunda parte de la novela me estaba matando (porque cuando uno grita, las metáforas se vuelven inmediatamente más exageradas y dramáticas), pero que con la reescritura de los personajes de la primera parte podía escribir cinco mil palabras en una noche como si nada. Pensé o sentí, ahora recién artículo, que me gustaría poner una bomba y dinamitar uno o dos edificios con Lautaro. Ahora, al comenzar el párrafo de este post que empieza con "Anoche bajaba la escalera..." me di cuenta que eso es precisamente lo que hacen un par de personajes de mi novela. No alarms and no psychoanalysis, please.

Pongamos más bombas, escribamos más libros. Contémonos más historias y salgámonos más de nosotros mismos, dejando tirados esos trajes viejos, los modelos antiguos de nuestras múltiples personalidades.

¿ya?

Esto suena ahora, al terminar estos párrafos
 

Y la versión de "Police on my back" era la de los Clash, naturalmente, pero téngale un ojo a la original de The Equals, más conocidos como el grupo de Eddie Grant, y por su hit "Baby Come Back".

domingo, 1 de mayo de 2011

La Visión

Remota o no. Real o no. La visión está ahí. Dicen. Cansado de leer y mirar pantallas, la semana que termina hoy estuvo marcada por dolores de cabeza de esos que se vuelven jaqueca express cortesía de no cuidar mi vista. Como tal, volverán los lentes de lectura, que no han sido vistos por estos lados desde el 2004 más menos. De hecho, no han sido vistos nunca en estas páginas y para colmo estoy un poco lejos de la única foto de archivo que existe.
Así es que sí, mi visión me está tirando un poco para abajo.
Lo que no significa, claro, que haya dejado de ver cosas. Muy por el contrario. Terminé de ver Logópolis, la última aventura de Tom Baker como el Doctor; vi mi capítulo de la semana - Detalles de la semana - y mientras escribo esto me encuentro viendo en modo maratón los cuatro capítulos de "Mad Dogs" la serie que reúne al bueno de John Simm con el bueno de Phil Glennister. Entremedio pasaron unos cinco capítulos de 30 Rock, el ya mencionado documental sobre Joe Strummer y Citizen Kane.

Este es el futuro, niños. Hacemos nuestra propia televisión remezclando lo que encontramos por todos lados.


Con todo, esta semana he escrito poco y el dolor de cabeza ha hecho que los avances en la segunda parte de la novela sean literal y figurativamente dolorosos. La semana pasada pasé cinco mil palabras de un cuento en una noche larga que me enseñó a no apurar ciertas cosas y a planificar mejor la próxima vez. Intuyo que los dolores y el agotamiento de la semana se vinculan con ello.

La visión de la semana que pasó parece ser bastante dolida y quejumbrosa, lo bueno es que después de esas experiencias viene una suerte de estado de claridad e intensidad sensorial profundamente grata. Razón por la cuál Virginia Woolf gustaba de pasar hambre, como Jo suele recordarme, razón por la cuál Virginia Woolf terminó como terminó, pero esos libros son increíbles ¿verdad?

Es el Día del Trabajo y Phil Glennister se acaba de mandar una pequeña parrafada sobre como no hay nada en nuestras vidas que no nos haya sido vendido o marketeado de alguna forma y como nos hacemos los giles y seguimos porque hacernos cargo de nuestro destino se nos hace taaaaaan pesado. En algún lugar en el espacio que conecta esos dos puntos está todo lo que representa este día. O lo que debería representar, en medio de un calendario que cada vez se llena más posmodernamente de festividades.

La vida como carnaval y el carnaval para la casa.

Salud.


martes, 26 de abril de 2011

El. Himno.



Hoy me escapé dos horas del bombardeo de esta semana para ver "The Future is Unwritten", el documental sobre Joe Strummer.
Escuchar esta canción siempre siempre ha sido el shock vitamínico preciso para mis días. A veces siento que hay un riff fantasma dando vueltas por ahí por el minuto cuarenta más o menos. Como sea, escucharla es moverse con el pulento espasmo y nada menos que con el pulento espasmo. So you rock around and think that you're the toughest in the world, the whole wide world...

Del documental, nada más que: véalo. Strummer es de esos que nos hacen tanta falta, sobre todo en relación a los que están vivos. Esto parece ser cierto de todos los primeros difuntos de las bandas importantes, Brian Jones aparte, pero qué diablos. La lucidez en el rock es escasa.

Otra cosa que es escasa son mis horas de sueño y como tal voy a reparar semejante afrenta. Tanto más accesible que la otra.

viernes, 22 de abril de 2011

[El Autor] en correspondencia

Hace poco mandé un mail con el siguiente párrafo:

"Por estos días cada vez que pienso en "la crisis de la educación en Xilers" me sale más un demonio interior y me asalta un fascismo horrendo, de aquel que está cansado del mismo circo y quiere puro pegarle a todos los payasos. Por mezquinos, por cerrados, por egoístas y mentecatos. Como que la próxima vez que el Fito Paez o su doppelganger Tito Pavez me cante Quién dijo que todo está perdido le diría "yo, conchetumadre" Blam, blam y a comer corazón de Fito/Tito y a pretender que es el de un Fafnir teutón. Sabiduría al instante para principiantes."


Y esas últimas tres líneas me cayeron tan bien que sentí que deberían darse una vuelta por acá. La referencia a Fafnir podría haber estado mejor pulida, pero oye, todos mis correos los mando en primer borrador.

KAPAW!!

Que, siempre he creído, es el sonido que hacen las balas en los spaghetti westerns. Ese rebota metálico agudo e irreal que indica precisamente en qué capa de la realidad estamos.
Así han estado estos últimos días, métale Kapaw!!

Así de irreales y rebotados.
Algunas actualizaciones de rigor: La segunda parte de Otra Torre avanza suave y lenta y dolorosa, escribirla es un pesar y un agotamiento. Lo que está bien, dentro de todo, pues es toda la idea, es más lenta que la primera, es lineal y sus secuencias son un poco pegotes. Vamos a ver cómo termina todo, pero espero que termine luego. Entre tanto empecé a urdir el experimento que quiero escribir en el Omm Writer. Detalles...cuando los haya, todo es muy vago de momento.
He visto películas y he visto series. Me acompaña 30 Rock en tandas de a cuatro o cinco capítulos y he visto un poco del Doctor Who de Tom Baker. Dentro de la pelis, el gusto iluminador de 8 1/2, también Chungking Express (hace un rato ya), The Secretary, y otras más. En la lista vienen Kane e Ichi the Killer.
Perucca me ha dicho que le de una oportunidad a la segunda temporada de Misfits, dice que es tanto mejor que la primera, así es que vamos a sacar del fondo de crédito de la amistad y la vamos a ver.
Mi lectura regalona sigue siendo el señor Bangs. Gozo con sus expresiones hiperbólicas y sus juicios tajantes, herramientas imprescindibles en el arsenal del auténtico crítico, a mi entender. Me carga la gente que quiere quedar bien con todos y más me carga la gente que se queja de los que tienen una línea clara y un carácter especial. El mundo textual ofrece lugares para todos, pero eso no significa que tengamos que hacerle lugar a los débiles de mente, los cobarde y menos que a nadie a los tontos. Para eso está fotolog o tumblr o lo que sea que la gente que no puede urdir dos frases seguidas use por estos días.

Esta semana escuché dos discos de The New Pornographers, el primero y el último, y la experiencia estuvo bien. Sin grandes puntos altos, ninguno de los dos defrauda...como esa gente que te cae bien pero que nunca se te ocurre llamar cuando quieres hacer algo. Si están bien, y si no, bien también.
Escuché el nuevo de los Guillemots y fue más de lo mismo... lo que fue una real lástima. La gracia del disco es que suena igual a los anteriores, separación temporaria mediante. Lo malo del disco es que suena igual a los puntos medios de los anteriores, sin canciones que brillen. El primer disco tenía Trains to Brazil y varias otras que marcaban distintos ritmos y momentos. El segundo tenía ese pequeño himno que es Kriss Kross y otras platitudes...este sólo tiene platitudes y no hay mucho espacio experimental. Una microdecepción.

Yendo y viniendo, rebotando. Escribiré más coherentemente estimo que en un par de semanas más. Mientras tanto seguirán llegando los posts un poco demasiado agudos para ser ciertos.
No he tenido un segundo para trabajar en el blog nuevo y la verdad es que prefiero tener más cosas escritas y un ritmo mejor antes de inaugurarlo, cosa que no podrá empezar a pasar hasta las ya mencionadas dos semanas.

Mientras tanto, otro rebote de las balas. DJ Shadow con Mos Def haciendo la remezcla de 6 Days.


You say BANG! I say KAPAW!!

domingo, 17 de abril de 2011

Amores Musicales

Me ha estado rondando la idea de las separaciones emocionales y la forma en que nos (des)apegamos a los objetos culturales de la misma forma en que nos (des)apegamos a las personas. En particular el proceso de enamorarse y eventualmente des-enamorarse de una banda, fíjese, a propósito del post anterior y los comentarios a este.

Porque los años pasan y uno cambia y todos los "uno" cambian y es más o menos esperable, parte del juego y entendible si uno tiene más de...digamos 20 años para ser generosos, que las personas que creíamos amar con locura y por siempre se vuelvan individuos que nos son indiferentes o pasen a sernos detestables. Puede pasar, también, con nuestras bandas contemporáneas, porque cambian, porque suenan distinto, las mejores, porque el Pablo Honey no se parece en nada al In Rainbows, por ejemplo. O quizás, si es lo tuyo, si te gustan esos grupos que suenan igual toda la vida, como Oasis, que uno puede hacerse un mixtape sacando una canción de cada disco y suena como un disco coherente, termines un día descubriendo que ya no estás para escuchar treinta y siete veces la misma canción con una letra apenas distinta. Y Roll With It debe ser la única canción que algo se escapa del repertorio de dos o tres variedades que tenían esos dos.

Ahora, todo lo anterior se aplica a una relación moderadamente racional, del gusto por la música, el placer de escuchar una o dos canciones en la radio, comprar el disco, bajar el disco, recomendar el disco. Todo esto en parámetros que son aplicables aún hoy, cuando el mercado discográfico está irremediablemente fragmentado y cualquier banda puede tener seguidores dispersos en todo el mundo y donde alguna vez hubo continentes musicales ahora hay archipiélagos desmembrados, de esos en los que uno puede cruzar de un islote a otro de un paso.
Antes no, antes solía haber Una banda que definía una generación. Después Una banda que definía un género. Ahora uno define sus bandas. El triunfo del playlist por sobre el artista. Así ganamos todos, dicen.

Antes, so pena de sonar como un retrógrada insoportable, uno se enamoraba de una banda y tenía un primer amor marcado e intenso y lleno de ilusiones y sueños de vivir juntos por siempre. La idea podrá sonarle absurda a los technoniños de hoy, pero así solía ser. Si te interesaba esto de escuchar música o estar cerca de "el medio" de la forma que fuera, siempre era porque alguien las había hecho de columna vertebral. Había habido un primer amor y por lo general, o eso creíamos, duraba por siempre.

Todavía le dura por siempre a algunos amigos, observo. Pero claro, también tengo amigos casados y con dos hijos, de esos que ya se resignaron a no ir al cine sino a ver la última de Disney con la familia.

A mí el primer amor musical me duró más o menos de los quince a los veiniticinco. Después terminamos, nos separamos y siguió un odio horrible, intenso y asqueroso, de ese que no quiere saber de la felicidad del Otro con otros. Con la misma inmadurez emocional con las que algunos se separan de sus  primeras y segundas pololas (de nuevo, mejor ser generosos a la hora de trazar estas líneas, los hay inmaduros todo la vida), me quedé solo y dispuesto a pasar tiempo con todas las bandas que quisiera, que vinieran a mí con ganas de ganarse un lugar en mi discografía. Deambulé así por años, medio perdido, pasándolo bien aquí y acá.

Con la idea de la separación y los evidentes paralelos entre el amor y la música rondándome, me he decidido a sanar un poco mi espíritu y me hallo en condiciones de enamorarme nuevamente. No es un proceso fácil - con las personas he tenido más práctica y es algo más esperable, la verdad; me pregunto genuinamente si acaso así es como se sentía tener poco conocimiento de las emociones - con la salvedad que las bandas y la música son más grandes que las personas: atemporales y eventualmente eternas, nuestros procesos con ellas son titánicos, glaciares, de magnitudes que escapan a la dimensión de lo cotidiano.

Pienso que a los Clash los conocí en una fiesta. Los había visto antes, pero fue una fiesta con Pressure Drop la que las hizo de gancho. De ahí en más vinieron los coqueteos, los discos de grandes éxitos. Las referencias veladas en mails y posts. Los comentarios a amigos.
Pasé la noche con la discografía entera de los Clash, mientras buscaba frenéticamente la forma de conseguir el libro que recoge algunas de las columnas de Lester Bangs. Me decidí a leer todo lo que pudiera encontrar, todas las biografías, todas las anécdotas, la historia de todas las canciones. Como cuando tenía quince, sólo que con la perspectiva de alguien que ya ha doblado esa edad. Como despertarse un día y sentir que esto de pololear tiene su chistecito, pero que lo que uno busca realmente es convivir con alguien.

Lo mismo, pero de otra forma.

Estoy enamorado.


De las traiciones y desilusiones que llevan a romper un amor musical escribiré en otro momento, es un día nuevo, domingo a media tarde que se siente de media mañana, aún en pijama, suena Drug-Stabbing Time del Give'em Enough Rope. Pienso en los technoniños y sus doce mil bandas indies sonando en lo que me toma escuchar el Give'em Enough Rope. Sonrío como DeNiro al final de Once Upon a Time in America


No tiene comparación.

El Libro de Lester Bangs se llama Psychotic Reaction and Carburetor Dung y está acá, por si acaso. Disfrutad.

Perseguido en la semana además por la figura del Rumpy, terminaría este post con Amores Incompletos de Los Tres. Pero no.

jueves, 7 de abril de 2011

Macca.

Tengo llamada perdida de Gonzalo, mi mejor amigo desde hace ya unos dieciocho años másmenos. Es raro que Gonzalo me llame a media mañana y más aún un día de semana. No es raro que me llame un viernes en la noche o cualquier día en la noche, o previo a un partido importante. Así es que, señal inequívoca de que me estoy volviendo viejo, le devuelvo la llamada con un dejo de preocupación en mi voz, aunque, señal inequívoca de que no soy viejo, estoy imaginándome que hay noticias tremendas: la productora se adjudicó el programa con la U, salieron los fondos para algo o quién sabe, alguien en alguna oficina ejecutiva creyó en el piloto que escribimos.

Nope, Gonzalo me llama para saber qué localidades tengo pensado comprar para McCartney. Sí, McCartney, Paul. En Chile, en algún momento. Precios ridículos. Y no ridículos de baratos.

Me asaltó entonces El Gran Flash: mi amigo, mi mejor amigo no sabe que en estos años he desarrollado una suerte de alergia a los Beatles. Gonzalo todavía tiene el recuerdo de nosotros como quinceañeros con preocupaciones artísticas cantando el Album Blanco completo mientras nuestros compañeritos andaban en algún lugar entre el grunge y el sound. 

Primera pregunta mental: ¿Cómo se lo explico sin sonar como un perfecto pedante?
Primera respuesta mental: Imposible, soy un perfecto pedante y mientras más trato de no sonar como uno, peor me va.

Lo primero que me sorprende es lo rápido de mi "No, no me interesa para nada McCartney", que sale medio apologético pero lo suficientemente Honesto para que mi amigo me responda con auténtica sorpresa. Le explico un poco que los años han pasado, que no hay nada peor para los gustos de uno que ver surgir a nuevas generaciones de pendejos que se ceban con las mismas anécdotas que tú hace diez años y como te hacen de espejo de lo tarado que eras. Hace poco leí una columna del bueno de Matt Fraction en la que contaba cómo le había pasado lo mismo, pero con Monthy Python. Me sentí menos solo en esta tierra. 
Pero el hecho queda: han sido demasiadas conversaciones con distintos grados de alcohol, con jóvenes ni tan jóvenes sobre los Beatles como Lo Mejor del Mundo y las anécdotas y las historias y los libros y las biografías. Han pasado los años para sentir que la música no es Ni Tan Buena ni ahora ni para los estándares de la época. Lo es, pero no tanto como lo pintan. 
Los Beatles me caen mal como a otra gente la cae mal la Coca-Cola. Aún así...con un combinado...

Aún en mis años de Beatlemaníaco (que fueron como diez, más o menos), McCartney rápidamente se convirtió en mi menos favorito. John tiene ese encanto y onda únicos; y me parece que de los cuatro es el único que realmente creció en esos años, o al menos la forma en que creció me es familiar. Me gusta que haya dejado el grupo, que en su última entrevista dijera todo lo que detesta escuchar esas canciones...y hay algo en su alejamiento del grupo, en dejarlos para dedicarse seriamente a ser feliz con su mujer que me parece tan pero tan sensato y lúcido. Una de mis historias favoritas de Lennon es cuando cuenta que, al dejar la banda, yéndose con un portazo de la fatídica reunión con McCartney et al en el edificio de la Apple records, lo primero que pensó no fue "Acabo de renunciar al grupo más importante de la historia" sino "¡Cresta! Dejé a la Yoko sola con el idiota ese". El idiota ese siendo su socio en la composición de tanto éxito y hit junto.

George Harrison fue mi primera experiencia beatle. Yo tenía 6 años y me gustaba ver el video con cabezas de animales moviéndose, y papá me explicó que ese señor antes tocaba la guitarra en un grupo que había sido importante. Le tengo un cariño entrañable a su carrera solista, y es otra razón para agradecer que se hayan disuelto a tiempo.

A Ringo no se le puede odiar, a menos que uno sea baterista. Amigo personal de Peter Sellers y, como decía Lennon, el único de los cuatro que hubiera sido famoso si el grupo no hubiera existido.


Y después está McCartney, puntilloso, egocéntrico, perfeccionista. El que hacía que sus composiciones fueran ejecutadas hasta el hartazgo y andaba mirando el reloj cuando tocaba grabar las de los demás. El envidioso que montó el Sgt. Pepper's como respuesta al Pet Sounds de los Beach Boys. Y digan lo que digan, pero el Revolver es mejor disco. 

Ok, Macca también está detrás de A Day in the Life y su carrera con los Wings no es del todo mala. Es de esas que producen éxitos como pepitas de oro en un río eso sí, pero no deja de tener méritos. Cuando vino el 93, con el tour del Off the Ground, presentó un show sólido, con todos sus éxitos de solista matizados con algunos de sus hits Beatles.

Yo estaba ahí.

En algún momento de la llamada se lo explico a Gonzalo y no quiero mirar en menos el recital de ahora, no quiero decir que probablemente Macca esté sin tanta voz. Le digo que por lo que he sabido el show en Baires estuvo increíble y que va a ser tremendo, que no se lo pierda. Pero que yo no estoy para eso, que ni siquiera se me ha pasado por la mente. 

Me dice que me voy a arrepentir, pero le respondo rápido y queda claro que nada en el mundo me haría ir a verlo de nuevo. 

No se siente muy bien.


Trato de pensar en los niños beatlemaníacos. Trato de pensar en como los Clash los sacaron de una patada de mi ránking histórico de bandas favoritas, dando paso a la escalad de otros en el ránking. Pienso como he llegado a teorizar a los Beatles como la alternativa fácil: decir que son los mejores es la excusa para no investigar más música, no ir más allá. 

No funciona mucho.


Stupid, stupid Paul McCartney.

miércoles, 6 de abril de 2011

Takeshi Kitano - Kikujiro - Apuntes

UNO. Cómprela-arriéndela-bájela-cuélese a verla a la casa de un amigo.
DOS. Véala.
TRES. Si no le gustó, calcule cuantos minutos de su vida perdió en la película y contácteme. Yo iré personalmente a su lugar de trabajo y recuperaré el tiempo para usted.

CUATRO. Decir más de Kikujiro sobra...es una película muy sencilla, con un argumento simple: niño que no conoce a su madre se va de viaje a conocerla en compañía de un adulto menos-que-calificado. Casi el tipo de películas que podría tener a Adam Sandler de este lado del Pacífico. Y quizás no sería una mala película. La diferencia la hace, siempre niños, siempre, la mano detrás de la cámara.

Porque Kitano lo pasó bien filmando. No tengo ninguna entrevista que lo avale, ni pretendo buscarla, porque se nota. Se nota en el guión, saturado de momentos cómicos por el puro gusto de hacer comedia, que van creando una textura de fondo a la historia principal, como si el director hubiese tenido muy claro lo que tenía que hacer y parte del plan fuera filmar todas esas escenas que acumuló sin filmar en sus años de películas gangsteriles.

Y claro, Kitano sí que sabe de eso de poner la cámara. De tomas amplias y momentos íntimos perfectos, Kikujiro encanta, hace reír y llorar, coquetea con el cliché y sale victoriosa, terminando con un cierre sencillamente im pe ca ble. Se lo prometo.

A modo de cierre, parte de su banda sonora. Si le es moderadamente familiar, es porque compone Joe Hisaishi, el mismo de Chihiro y su viaje fantástico.

domingo, 3 de abril de 2011

El Producto del Día: Ommmmmmmm

Por más que me encantaría venderle una sílaba sagrada para que usted pudiera desbloquear su mente, sacándola del marco de lo cotidiano y aceptando su existencia como una parte que es igual al Todo; la verdad solamente quiero hablarle de un procesador de texto...

"Soy un convencido que, como las plumas y los cuadernos, las interfases que usamos para escribir son claves en la textura de lo que escribimos: el teclado externo del iPad es perfecto para escribir artículos y piezas de opinión o borradores, sobre todo cuando escribo ocupando el iA writer; y de alguna forma los avances sustanciales en Otra Torre sólo los he podido hacer acá, en el teclado del macbook, en Pages"
(De la correspondencia privada entre [El Autor] y la gente extremadamente inteligente con la que [El Autor] sostiene correspondencia privada)


En efecto, la escritura tiene una textura y un ritmo distinto según los materiales que usemos. Por eso nos acomodan distintos lápices, distintos espacios para hacer o decir tal o cuál cosa. El producto del día hace un poco de eso, genera un espacio especial y distinto para concentrarse en la escritura. 
Botón de muestra,
Introducing OmmWriter Dāna from herraizsoto&co on Vimeo.


Los colores y la musiquita del trance pueden ser un poco apestosas, pero se pueden desconectar y claro, usarlas cada tanto ayuda. Lo mejor de Omm Writer, por paliza, es la forma en que engloba TODA la pantalla, volviéndola un espacio de trabajo en blanco, sin siquiera la barra superior de comandos, que en un Mac te recuerda todas las Otras Cosas que puedes hacer. Sin salidas, es más fácil enfocarse en esa enorme página en blanco, que al ser de colores no aparece tan amenazante como otras páginas en blanco.
Lo mejor-lo mejor de Omm Writer, eso sí, es poder programar el ruido de las teclas. No hay nada mejor para encontrar o inventar un ritmo de escritura que poder disponer de distintas opciones para el tecleo. Nada.

Lo pueden encontrar en su versión gratuita en la página misma del proyecto (Omm partió como una aplicación interna en una empresa y ahora mismo se han decidido a regalar/comercializarla) y claro, si están en un país desarrollado pueden comprar la versión completa, con más músicas y ruidos, o si están en un país cuya economía depende necesariamente de la compra de sus insumos básicos por parte de los mercados internacionales, pués vaya y descárguelo por ahí, por ahí.

El link es cuestión es para la versión de Mac del Ommwriter...la versión de PC será su desafío, si le gustan esas cosas. Sino, la muestra gratis está para los dos sistemas. A cada cual lo suyo.


lunes, 28 de marzo de 2011

Cuatro años.

Acabo de terminar la cuarta temporada de Californication. Usted que no es nuevo en estas páginas recordará esa primera gran maratón que me dí por allá por el 2008, recién vuelto de Estados Unidos. Esta temporada, en efecto, la empecé a ver allá en su país de origen...en el computador también, porque el día del estreno en casa veíamos algún partido del fútbol universitario o algo así.

Termina con esta temporada el ciclo que comenzó el 2008. Entendiendo que los guiones necesitan más que un refresco, el creador de la serie, Tom Kapinos, ha dicho que la proyectada quinta temporada llevará a Hank Moody por otros derroteros. Este, querido léctor, es el momento justo para salirse de la serie.

Y tengo un poco de ganas, la verdad.

No porque la primera mitad de la temporada, fiel a su estilo, haya sido un poco más de lo mismo y el sexo por el gusto del sexo en situaciones semicómicas bordeando el inverosímil; ni porque recién en el capítulo 7 (de 12) la serie retomara su inversión en personajes profundos, o al menos queribles. Quiero dejar de ver Californication por la misma razón por la que hace cuatro años no concebía una segunda temporada: es un ciclo bien acabado, no quiero que estos personajes se vengan abajo. Se dice que lo importante en una historia es saber cuándo dejar de contarla. Y se dice bien.

Más que por eso, también es porque me duele el hígado.

O algo.

Algún órgano interno único y bien dispuesto me quedó doliendo en esta segunda sentada (vi esta temporada en dos tandas), donde el personaje de David Duchovny va desfilando a paso firme al despeñadero y uno no puede hacer más que, espectador que es, ver. Porque el final de este ciclo de historias no vino con las sonrisas o el estupor de otras temporadas, y porque durante la recta final de la serie no hay un sólo momento catártico. O hay muchos muy pequeños y me fue imposible asirme de ellos. Sí, mi querido léctor, yo suelo llorar con una serie que, entre sus muchos momentos, tiene a su haber una escena de eyaculación femenina.
Hank Moody va directo al despeñadero y no cae del todo pero tampoco hace nada por salir. La cuarta temporada termina y nos quedamos sin mucha iluminación contextual y con un cierre narrativo más bien suave; Californication en todo su hiper-realismo y maqueteo conceptual termina pareciéndose un poco mucho a la vida misma.

Si eso no es mimesis, la mimesis dónde está.



De nuevo, la clave de la serie está en el episodio 8.
Por aquí más o menos:

domingo, 27 de marzo de 2011

Fase Tres

Este humilde espacio va a cambiar para siempre. Otra vez.

Mientras tanto, Richard Hawley canta el himno de estos días:



Nos vemos pronto, de nuevo por primera vez.

domingo, 20 de marzo de 2011

Semanalmente, Sandra.

SEMANALMENTE.

Porque pareciera ser que el devenir de los últimos acontecimientos, i.e. el establecimiento de mi base de operaciones en la capital de la región de Atacama, lugar donde además asisto a un curso sobre Cómo ser un Mesías, ha dejado a este, su humilde espacio más favorito dentro de todos sus humildes espacios favoritos reducido a una capacidad de producción semanal. El semanario de lo insólito II, El Regreso.

No está tan mal, aunque, como suele ser la deconstructiva costumbre de este espacio, puede ser que cambie prontamente, en tanto por fin, por fin, por fin conseguí instalar internet en mi nortino departamento. Fue una odisea de proporciones y que califica como una de las batallas de esta semana. Detalles más adelante, ya verá.

Las otras batallas de la semana se fueron a unir a aquél cantar épico que es la Lucha contra los Mandos Medios, y mandos medios se escribe con m de mediocre, ciertamente. Este país tiene una tradición de calidad a la hora de contar con individuos que tienen poco poder, menos ego, y que tratan de hacerse los patoteros abusando de los nuevos o recién llegados, o de los que tienen menos, de frentón. Entonces un día voy a un colegio donde todo el mundo es buena voluntad y conciencia de las miles muchas cosas que tienen que mejorar, donde profesores, directora, jefe de UTP y demases estamentos lo único que quieren es dejarse evaluar y aconsejar y ¡kablam! aparecen un par de profesoras con cargos inventados por ellas mismas diciéndole a las tropas que cómo es posible, que esto no corresponde y así y así. Toda situación tiene al menos tres o cuatro salidas: la concesión, la diplomacia, la violencia y la fuga. El auténtico genio maquiavélico es capaz de darse el gusto de ejecutar las cuatro a la vez, pero toma un poco de tiempo y tiene como precondición tener un contrincante que lo valga al otro lado del problema. Como no es el caso, ni tengo el tiempo ni, francamente por estos días, el genio para tal maniobra, prefiero darle la vuelta al mando medio y entenderme con las altas cúpulas Y con las bases. Así, los idiotas se vuelven redundantes. Es la era de la internet, niños.

O fue la era de la internet, no sé en qué era estamos ahora, me pregunto mientras reviso qué apps nuevos hay para mi iPad y mi iPod touch de última generación, que probablemente sea última generación por un par de meses más nomás, con suerte.
Diez años cumple entre nosotros el reproductor de mp3 de Apple y yo todavía me siento como un vendepatrias de tener un touch y no un classic. Pero se ajustaba más a mi presupuesto de esos días y el classic es el modelo que más se me aporrea. Los iPods livianos se caen, pero quedan colgando de los auriculares. Los oídos sufren un poquito, pero nada tan terrible tampoco.

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En el curso de esta semana volví a ver el segundo Rebuild of Evangelion, que sigue sintiéndose tan bueno como siempre. Me pregunto cómo la catástrofe del terremoto de la semana pasada irá a afectar las poéticas japonesas, tan cargadas al desastre de por sí.

Kneel before Terence Stamp!
(ah, de veras que no)
También vi el corte de Richard Donner para Superman 2. Hace poco más de treinta años a RIchard Donner lo echaron por "diferencias creativas", cuando había filmado algo así como el 75% de lo que sería la película final. La verdad es que el corte de Donner no es taaaaaaanto mejor que la versión que conocimos hace todos esos años, pero al menos se hace cargo de ese ridículo beso amnésico que Superman solía tener y que es de las cosas que espero se borren de la historia del cine. Lo que sí, termina la película repitiendo la tonterita de darle vueltas a la tierra en sentido inverso. Supongo que, en sus años, los productores habrán encontrado dicho final muy chanta, y decidieron reemplezar al director y agregar un final más chanta todavía.
Lo que sí, Terence Stamp como el General Zod es de esas cosas que es bueno recordar. Al igual que la tan comentada dicotomía que Christopher Reeve saca de la dualidad Clark Kent / Superman. El Clark Kent de Reeve es, sencillamente, notable. Y si usted anda de ánimos, TIENE que leer esos doce números de All-Star Superman de Grant Morrison con ilustraciones de Frank Quitely, que es por paliza la mejor historia del Superman en sus casi ochenta años, y donde además, el Clark Kent de Quitely tiene todas las mejores marcas del de la película.
Secretos para una postura adecuada, o la importancia de caminar erguido. Autor: Clark Kent.


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SANDRA.

Sandra me responde el teléfono con una voz pausada, calmada. Un poco muy pausada y calmada quizás, como alguien que está bajo el efecto de medicamentos para controlar una hiperaceleración.

-VTR Telefonía, Televisión e Internet, muy buenas tardes, mi nombre es Sandra, ¿en qué puedo ayudarlo?

Sandra me pregunta mi nombre y me explica que mi conexión contratada el lunes instalada el martes y pospuesta para el jueves porque a los genios de la instalación les faltaba una herramienta, figura como cancelada en el sistema. Por lo que Sandra procede a pedirme todos los datos, con una calma y parsimonia inversamente proporcionales a mi buen humor. Y si bien es cierto que nunca he tenido la dicción de un locutor AM, mi diálogo con Sandra cae en absurdos como:

- ¿Cuál es su dirección?
-Diego de Almagro noventa y uno.
- ¿Diego de Almagro trece mil??
- No, Diego de Almagro noventa y uno. Esto en la comuna de Copiapó.
- ¿Copiapó en el Centro?

Edición limitada de [El Autor] de este blog, versión "Llamando al
Call Center". Fumarola desde los costados se activa por voz.
Y así. Mientras tanto el humo salía y salía de mis sienes y lo más lamentable era no tener una fiesta de disfraces para ir de Frankenstein Junior.

Para cuando le di por tercera vez mi correo a Sandra, para efectos de la boleta electrónica y demases, me quedé pensando si acaso carfasaleo sería una dirección en uso o si estaría disponible. También casi termino convencido que "cartaleo" habría sido mi dirección de correo perfecta y la menos dada a confusiones.

La cosa es que tras doce minutos en el teléfono Sandra me tenía de lo más harto y había caído ya en la práctica de alejar el auricular de mi oído cada tanto, a sabiendas de que le iba a tomar al menos otro medio minuto llegar a decir lo que me tenía que decir realmente. Establecido todo esto, el momento del "lo llamaremos para confirmar la visita" fue un auténtico momento de alivio y descanso con coros celestiales y todo. Pero me esperaba algo más.

- Muchas gracias por llamar a VTR, don Leonardo. Y recuerde estar atento a la radiación solar en Copiapó y usar bloqueador si va a salir.

Y yo me sonreí, le di las gracias especial y sinceramente y le corté antes de que la carcajada se me saliera del todo. Al final, Sandra me había caído bien y fue una lástima que no me hubieran llamado para evaluar el servicio después porque le habría dado flor de buena nota. Así de importante es ser genuinamente uno.

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Notas seriales: Esta semana finalmente pude terminar la primera temporada de Misfits, serie que se las ingenia para ser un poquito interesante, aunque la gallina de los superhéroes como género camina desde hace un rato ya sin darse cuenta que está descabezada, en mi opinión. Los primeros cinco capítulos urden una trama interesante, con personajes que le hacen honor al título de la serie, aunque de alguna forma no consiguen encantar del todo. Aún así, para el penúltimo capítulo de la temporada algo de simpatía se siente por los pobres, sobretodo contrapuestos con gente aún más conchadesumadre que ellos, como lo es la probation officer que les asignan tras la muerte del primero.

Y en el último capítulo se va todo al carajo. En serio, el último capítulo parece haber sido escrito para Doctor Who, lo que no es un piropo precisamente, sobretodo porque la serie iba para cualquier otro lado y terminó tirando todo el clima urdido por la borda. Queda ver qué pasa en la segunda serie, pero la verdad es que el final de la primera es de lo más anticlimático. Cualidad bien poco deseable en un final de temporada.

Lo que sí tiene constantemente bueno Misfits es su diseño de producción. Acompañado además por una excelente selección musical, que va desde The Velvet Underground, hasta The Specials, pasando, precisamente al final de la serie, por una de mis favoritas de Blur. Damas y Caballeros, To the End.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cosas, cosos, experiencias.

Escribo esto y ya es de noche y yo debería estar en una fiesta de cumpleaños, pero eso ya no va a pasar. Pasa que en mi visita a la capital aproveché de jugar a la pelota y quedé en magras condiciones para irme de fiesta. Un amigo cumple treinta y otros dos amigos, que ya tienen treinta, me llaman y mandan mensajes en línea para decirme que están igual de cansados que yo, sin partido ellos, y que no van. Jarvis Cocker siempre, siempre, siempre me espera a la vuelta de la esquina con su you are the party that makes me feel my age. Me sonrío nomás, este mundo tiene demasiada gente haciéndolas de Danny Glover en Arma Mortal 2, y 3, y 4, siempre quejándose, siempre demasiado viejo para esto.

Es imposible ser demasiado viejo para esto, hay una contradicción lógica en la frase misma. Somos para esto. Pero desvarío.

Es de noche y en el departamento de al lado hay un asado. Sensación que es siempre extraña, cuando los vecinos tienen fiesta. El ruidito de conversaciones ajenas, de chistes extraños. Es escuchando a Otra Gente que uno advierte como toman forma los mitos urbanos, cuando uno escucha las mismas historias, todas de la boca de alguien que tiene un tío que trabaja en...o un amigo que es amigo de.... Después, las conversaciones entran en ciclo: el ciclo de los dibujos animados, el ciclo de la actualidad. El ciclo de los dibujos animados es una de esas cosas que pretendo graficar con lujo de detalles en algún lugar del futuro. Detalles más adelante.
El ciclo de la actualidad es triste, bien triste. Mejor, a otra cosa.

OTRA COSA TRISTE (pero hermosa) : La trilogía Red Riding, las películas que Channel 4 hizo hace un par de años ya, adaptando el ciclo de novelas de David Peace. Tre men da.
Le diré que la historia gira en torno a una serie de desapariciones y asesinatos de niñas pequeñas, por el así llamado Yorkshire Ripper por allá por los 70s. Le diré que las películas llevan en el título el año en que están ambientadas: 1974, 1980 y 1983; y que forman parte de un universo coherente, compartiendo personajes, si bien las dos primeras pueden ser vistas por su cuenta como producciones que no requieren mayor explicación.
Le diré que la mejor forma de verlas, yo estimo, es en el silencio de la noche, durante tres noches seguidas. Si al terminar la tercera noche no siente el más mínimo impulso de querer verlas todas juntas en modo maratón, yo me sentaré con usted y veremos juntos tres películas de su total gusto; o me sentaré en soledad y usted me torturará con tres películas de su elección.
El tono de la serie entera es triste y derrotado, pero está filmada con tal tino y belleza que el resultado final es impresionante. 1974 es quizás la que presenta la propuesta estética más interesante, mientras que 1980 le da una riqueza y profundidad a la historia en general que sorprende e impresiona en sus cambios de ritmo. 1983 es el final y poco más, la más débil de las tres, ciertamente. Pero aún así, cada una por sí sola y todas juntas son Un Gran Espectáculo.

OTRA COSA (del espacio).
Lectores angloparlantes: Clarkesworld magazine publica en línea un cuento bien redondito y piola, en el que Peter Watts recuenta la historia de The Thing, la peli de John Carpenter, sólo que esta vez desde la perspectiva de la cosa.
Escuchas angloparlantes: En el mismo sitio, Kate Baker lee la historia, con una voz monótona e hipnótica que le viene perfecto a la historia. Pruebe tumbarse en la oscuridad más completa escuchando la historia. Procure no gritar "Mamaaaaaaaaaaaaá" y no asustarse con el menor de los ruidos después. Es una grata experiencia.

Y ya que estamos con experiencias: Sweet Sensation con su único hit, del año 1974, de la banda sonora de Red Riding: The Year of Our Lord 1974, es Sad Sweet Dreamer:


Después de la película, me cuesta mucho no teñir la canción de esa tristeza de las cosas inevitables, del punto en que la suerte se sabe echada y ya no hay vuelta atrás. Toda la alegría coreografíada de estos muchachos se siente, tras ese punto, un tanto desesperanzada. Otra de esas experiencias.

OYENDO/LEYENDO II.
Brevemente y por el gusto de compartir, estoy escuchando las entrevistas de Peter Bogdanovich a Orson Welles, porque todo indica que me voy a obsesionar con la figura de Welles de aquí a un par de meses más. Como botón de muestra, Orson se enoja al grabar un comercial para Findus.

Sucede que me gusta la gente así, con aspiraciones grandes e ideas aún más grandes. Cada tanto, Jarvis Cocker me espera en otra esquina para cantarme the meek shall inherit absolutely nothing at all y yo me sonrío y veo a la gente con sus pequeños sueños producidos en masa y sus muchos miedos producidos por aquellos que profitan de vender sueños en masa y asiento. La mayor parte del tiempo me parte el alma, eso sí.

Sí, tengo alma. O algo que hace "crack" cuando las personas se ilusionan por un objeto cultural tan pequeño como todos los otros objetos culturales, pero que les genera un genuino chispazo de felicidad. Y también hace "creeeek" cuando veo a nuestros gobernantes hacer gala de su estupidez al tiempo que usan y abusan de todo su poder para generar miedo, que es tan fácil, que es lo más fácil.

Estoy leyendo Chronic City, que fue parte del regalo de cumpleaños de Jo, y del que he leído aproximadamente cuatro páginas porque desde su primer párrafo que estoy deseando que no se me acabe nunca. Está así de bien escrito y usted podría salir a buscarlo y decirme si acaso me estoy equivocando medio a medio o si acaso son sólo las primeras cuatro páginas las que están tan pero tan bien escritas. Jonathan Lethem es el autor, por si acaso.

También estoy leyendo aquí y allá todos los crossovers de verano de la Marvel. Empecé con Planet Hulk, que no es tan crossover, y seguí con House of M, World Warld Hulk, Civil War y ahora estoy en Secret Invasion y de ahí me voy a Siege. Conclusión: Usted no lo intente en casa, estos son los cómics que la gente dice que matan neuronas. Como ver una película de Michael Bay, pero peor, más lento y doloroso. Considero este párrafo como evidencia de mi adicción a estas historias de segunda. Culpable, su señoría.
Eso sí también me di el trabajo de leer todo lo que va del Invincible Iron Man de Matt Fraction y es una delicia. Treinta y cinco números que espero, espero sean sólo un tercio de la historia en total. Cuando termine con mi tour de force por los malos cómics de cada verano voy a releer Seaguy de Grant Morrison y finalmente empezar Joe the Barbarian. Reportes más adelante.

Terminemos este reporte no más adelante sino ahora. Terminémoslo en otra nota setentera, del mismo soundtrack, Ann Peebles canta cómo te va echarte la casa abajo...

lunes, 7 de marzo de 2011

Desert Days

Nada de esto es verdad.
Luego, todo esto es verdad.

Mientras los más reputados miembros de la audiencia se abalanzan a preguntar "¿Y esto otro?", yo me dedico a darle cordialmente la bienvenida al primero de los posts desde la III Región, mi nueva base de operaciones.

Mis días de desierto han comenzado de lo más bien y no han hecho más que ponerse mejores. He estado un poco aislado de la Internet, mi medio de comunicación favorito, pero esto me ha permitido enfocarme en otras cosas y realizar otro tipo de maniobras malabáricas.

Copiapó es de esas ciudades que invita a la respuesta "es más fea esa hueá" del santiaguino medio. Y si bien, la contrarespuesta debiera ser "tan bonito que es Santiago", en esto el santiaguino medio acierta. Copiapó, la ciudad, es bien fea. O quizás no tanto; es "simpática". Usted sabe a lo que me refiero.

Claro que sus puntos a favor son considerables: un clima estable y soportable (corre bastante más viento del que uno podría esperarse), ambiente relajado, distancias cortas. Un ritmo pausado que se nota en su gente, que si no es más alegre, al menos es infinitamente menos urgida que el santiaguino medio. Hay menos ceños fruncidos por acá, más entendimiento y más frases de cortesía.

Escribo pausado y retomo el ritmo de escritura intentando acompasarlo con mis días de Norte, mis viajes de fin de semana a la capital y mi mente lejos, bien lejos. El horario de la siesta me consume, como una arena movediza suave y relajante. Cada palabra es una patada contra el fondo, contra la nada, intentando salir, de a poco, ojalá de una forma suave y relajante.

No hace frío ni estoy lejos de casa.


COMING SOON TO LV55 :



¿Qué o quién se esconde tras la misteriosa puerta 72?


¿Fue acá donde el Rey Misterio encontró su sorpresiva muerte a manos de Cormano en improvisado e injusto duelo?


Say hello to my little friend!!!

Location:Colipí,Copiapó,Chile

viernes, 4 de marzo de 2011

domingo, 27 de febrero de 2011

Billy, you're so far away from home.

Me voy al Norte Shigo. Es que es súper shigo. En medio del desierto donde aún no tengo garantizado una conexión a Internet estable. Como tal, lo dejo con una venia y una canción.



¡Nos vemos cuando nos vemos!

La otra canción del día es Flowers in the Window, de Travis, para Jo, a quién me gusta imaginar viéndola en Baked&Wired.