jueves, 28 de julio de 2011

SIGUE

Hoy, en algún tiempo muerto en una recóndita oficina de una recóndita escuela de la III Región de nuestro largo y estrecho país, terminé la novelita corta/cuento largo que estaba escribiendo. Tiene algo así como diez mil palabras (9995) y cuando uno la pone en doble espacio (wah) y letra 11 queda en 41 humildes paginitas. Ahora me mira, desde el borde mi desgastada mochila, y me pone cara de edición. Mientras revisaba sus sangrías ya le agregué una que otra cosa y quedan al menos un par de pulidas por hacerle. Para el fin de semana quedará...

Aún no tengo idea si pasaré el fin de semana acá en el Norte, recorriendo, o me volveré a Santiago. En Santiago están mis amigos y la promesa de lluvia,  que es de las cosas que más me atrae. Acá en el Norte, que insisto en poner en mayúsculas, está la soledad, el desierto, el clima primaveral y bueno...la novedad y la experiencia. Sacaré cuentas, haré el balance y decidiré, pero me seduce la idea de perderme un rato en pueblos cuya población con suerte llega a los cuatro dígitos.

SIGUE nació hace un par de fines de semanas, precisamente con mis amigos. Celebrábase el cumpleaños de uno de ellos y por la exquisita combinación de alcohol, droga y amigos de buena ley desperté a la mañana siguiente en estado cadavérico, consciente y con plena memoria de cada uno de los instantes del estado de semiconciencia que había alcanzado la noche anterior. Recordé a un viejo amigo, hoy por hoy al otro lado del Atlántico, que hizo fama en la universidad por sus proezas etílicas... Me desperté esa mañana temprano, tomé mi cuerpo y lo tiré a la ducha para que se recuperará de alguna forma, porque tenía un compromisoinvitación a desayunar a media mañana y no planeaba perdérmelo (N.B. de todos los planes, citas y encuentros que concierto en mi vida, aquellos que involucran desayuno JAMÁS los postergo - Estadísticamente comprobado) y en medio de tanto desvarío me pregunté si acaso así se sentiría al despertar mi ya-mencionado amigo. Como tal, SIGUE se trata de las nostalgias y añoranzas y de la invocación espiritista a los amigos perdidos a través del alcohol y las drogas. De eso o de la adolescencia llorona y sin vida de algunos. Quién sabe. La escribí porque tuve ese momento de microinspiración y porque quería concursar con ella y porque en verdad se escribió sola. A diferencia de Otra Torre, que es más de diez veces más grande y proporcionalmente intrincada en su continuidad, referencias y demases (Otra Torre la tengo que revisar y releer para cerciorarme que no se contradiga lo que se dice de los personajes en el capítulo X de la primera parte con lo que se dice de los padres de esos personajes en el capítulo Z de la segunda parte, por ejemplo), SIGUE se escribió con una idea básica, ejecutada en tres actos sencillos. La única duda que tuve fue si usar el final A o el final B, y terminé eligiendo el B. Pero cada vez que me senté frente al teclado o tomé la moleskine las palabras fluyeron, aún no sé de dónde. Del título en parte: la escribí también para darme ánimo en días grises y monótonos. Es un buen mensaje. Y breve.
En cuanto la tenga corregida y enviada a concurso la pondré a disposición de usted, mi querido lector, si me lo pide en uno de sus amables correos.

Para encontrar un lugar donde imprimir el primer borrador caminé al menos una hora en medio de esta ciudadpueblo con sus tiendas cerradas y sus locales de completos abiertos. Llegué exhausto a casa y me tumbé a descansar...desde algún edificio cercano se escuchaba algo que se parecía a, claramente no era, pero me dio lo mismo que no fuera:


Y sí, es la primera vez en casi seis años de blog que repetimos una canción.
Es el espíritu de los tiempos, que le dicen.
Sigue...

domingo, 24 de julio de 2011

Camino al sueño...

Alza la mano si tú estás gozando.
Alza la mano si tú estás gozando.

Siendo las cuatro y cuarenta de la mañana y aún con los efectos residuales de alguna que otra bebida energética, me encuentro repasando la discografía de El General en busca de una cita en particular que no puedo precisar exactamente.

Está buena mi vida. Como se aprecia en el párrafo anterior.

Desacelerando de una noche de escritura más o menos intensa, los brazos me tiritan en el estertor propio de haber despachado varias páginas y estar hace varias horas ya listo para dormir. Sin embargo, me pasa con lo que estoy escribiendo por estos días que, a diferencia de Otra Torre..., sin planificar mucho cada vez que me siento a escribir las palabras fluyen y fluyen nomás, no como la proverbial lluvia sin fin en una taza de papel, sino más bien como si fueran propulsadas por los zapatitos mágicos del sangriento cuento ruso.

Se llama SIGUE y es una novela corta. Máximo cincuenta y cinco páginas a doble espacio, lo prometo. Y fíjese que no por la autoreferencia de siempre, sino por las especificaciones de un concurso. ¡JA!

Mientras tanto, en la distancia, Otra Torre se Levanta sigue su letargo regenerativo pre cirugía cosmética. Detalles sobre eso más adelante.

En el mundo han pasado y siguen pasando un montón de cosas. Como he escrito más cartas a amigos, no puedo sino remitirme a ellas a la hora de expresar mi sentir por aquí, esta es de hace un par de días:

"Pero las cosas no cambian tanto, sólo reciben cobertura noticiosa nomás. Así, vivir se vuelve un ejercicio de obturación, cerrando y abriendo y enfocando los ojos redondos en cosas deliciosas, en cosas terribles, en cosas que pegan y dejan el ojo morado, en gente que trata de meterte el pico en el ojo....es un mundo cruel, pero también misericordioso y lindo y feo, y todas, todas las cosas juntas. Por eso es importante hacerse un
compendio de delicias: las hamburguesas de mamá, las ricas siestas, el buen vino a la buena hora, la sonrisa de los niños, el ladrillo justo de la casa precisa, los silencios perfectos, las canciones más choras, las pelis wenas y las no tan wenas, las ridis, los largos y los cortos. Si alguien cree todavía en la metáfora del largo viaje, es bueno llevar un mochilón de provisiones chacalas, del tipo twix. Y también del tipo alcachofas, creo yo."

([El Autor] tiene una serie de registros informales, casi tan variados como los recipientes de su correspondencia. )

Así están las cosas. A grosso modo. Mañana vuelvo al Norte tras un par de semanas en la capital. El sueño me pregunta si estoy en condiciones de darle la pasada y le digo que me espere cinco minutos más. Las cosas no cambian tanto, aunque sí lo hacen.




"A mí, el General, me hace perder el poder" era la frase que buscaba (y que había escuchado mal) y que pertenece, naturalmente, a "Rica y Apretadita".

lunes, 20 de junio de 2011

Crónicas del Simio Preso.



Lo había anticipado revista Qué Pasa hacía unas semanas, se hacía sentir como rumor en el aire desde las protestas de Hydroaysén. Pero como los rumores abundan y la revista Qué Pasa no la leen ni en las salas de espera más lateras de la Tierra, la cosa no explotó como tal hasta que el Mostrador, publicación electrónica regalona de las redes sociales, empezó a difundir la información.

De inmediato, la indignación, la sorna y los comentarios volando cuál escupo en concierto trasher. Lo mejor de lo nuestro, sin duda. Aparecen los paladines de la libertad de expresión, los opinólogos del laptop, los combatientes del tweet. Entre ellos, [El Autor] de este humilde espacio, para que vamos a pecar de cínicos. Las analogías con 1984 eran demasiado buenas para dejarlas pasar. Y la idea del despilfarro de recursos fiscales en la minuciosa lectura de los tuiteos y posts que aludan a la gestión del Ejecutivo y amigos no deja de ser indignante. Y la idea del funcionario público encargado de filtrar la información no deja de ser ridícula: ¿buscará en el sistema las alusiones oficiales a Piñera & co? ¿revisará el porcentaje de incidencias del término "Hinzpoto" por ejemplo? Sin información realmente oficial al respecto, poco más que las palabras al pasar del filósofo Pablo Matamoros, asesor de la derecha en estos temas y egresado del paralelo de [El Autor] de estas líneas en el colegio San Agustín, quien precisa:

 “No es algo facistoide”

 Al tiempo que aclara que él  "antes era un kamikaze"*. Damas y caballeros: Pablo Matamoros, asesor en materias web del gobierno de día, filósofo kamikaze de noche. O más bien ex-filósofo kamikaze.
Las razones por las que un gobierno puede y quizás incluso debe...no digamos monitorear pero sí echarle un ojo a las tendencias que se marcan en el debate virtual son, a mí entender, más o menos obvias. Involucran tener un estado más moderno y eficiente, una mejor respuesta a las inquietudes de la ciudadanía y permiten, en general, gobernar mejor. Como todas las tecnologías, por supuesto, no dejan de ser un medio y en manos torpes e inexpertas pueden volverse un real disparate o de frentón algo siniestro. Y ya sabemos en manos de quién están estas herramientas. En un país donde todavía tenemos alcaldes, democráticamente electos claro está, que son ex-CNI, contar con los servicios de una empresa que promete ser capaz de trazar tu ubicación exacta en un mapa a partir de tu comentario en una red social es, cuando menos, de esas cosas que traen los peores recuerdos a nuestro inconsciente colectivo.

Por otra parte, el debate también tiene una arista que no deja de recordarme a la instauración, por allá por el 2004, de la Agencia Nacional de Inteligencia. Mal que mal, si alguna vez alguien tuiteara y tuiteara que está planeando un atentado contra el Senador X, o posteara en foros información similar, y llegado el día terminara efectivamente despachándose a nuestro hipotético Senador X, tendríamos todo el derecho de indignarnos con el Ejecutivo por no poner atención o coordinar respuestas preventivas ante un caso así.

Entonces ¿en qué quedamos?

El problema, y su solución naturalmente, están en las palabras del filósofo. La herramienta en sí no es algo facistoide. Facistoides son los que la controlan ahora. Y sus amigos. Y los amigos de sus amigos. Y como ciudadanos tenemos el justo derecho a desconfiar de ellos. Harta causa nos han dado ya.

Ciertamente el desafío de este y de todos los gobiernos del mundo es modernizarse y poder eventualmente llegar a estar a la altura en términos de velocidad de respuesta de lo que los tiempos demandan. Un aparato estatal lento es particularmente detectable y deleznable ahora que la información no se transmite a caballo y que la idea del triplicado con timbre en todas las copias es un arcaismo viviente. Pero para tener un estado más eficiente y renovado podríamos empezar por impedir la re-elección efectiva de nuestros representantes en el legislativo, para evitar que tengamos los mismos senadores de hace 40 años. Podríamos tener plataformas públicas de soporte y atención eficientes y acercar los debates de las Cámaras a la esfera cotidiana, terminando de una vez con el mito modelo Lavín '99 que reza que ser político es malo y la política es lo peor (Ciertamente, políticos así le dan crédito a la historia, pero eso no significa que no haya alternativas). De todas estas cosas y de cien mil más podríamos encargarnos antes de empezar a establecer políticas estatales de monitoreo, que parecen venir más de mentes procrastinadoras y copuchentas que de individuos interesados en el bienestar de la nación y la actualización del estado.


El Monito Reo, la mascota prototipo de la nueva iniciativa gubernamental. A falta de Zamorano, el gobierno estaría estudiando pedirle a Jaime Riveros que fuera su rostro oficial.


*[El Autor] de este blog cree que el único kamikaze acá es el redactor que tildó a Pablo Matamoros de "filósofo". Espero de todo corazón que la entrevista haya tenido lugar en una schopería y haya sido redactada con la mejor de las intenciones paródicas. ¡Heidegger! ¡Sacúdete en tu cripta!!

viernes, 17 de junio de 2011

La cuestión social.

Una vez más, este humilde espacio se vuelve aún más humilde y echa mano a la correspondencia personal de [El Autor]. Al toque de gong, sírvase conectar.

¡GONG!

The horror...


Acabo de terminar de ver  Apocalypse Now, [Redux]. Por esas cosas de la interconectividad virtual abrí tu correo y lo leí justo cuando enterraban al señor Lawrence Fishburne y empezaba la agregada secuencia con los franceses [ridículos]. Secuencia que estuvo bien que la agregaran, pero a la que igual le habría pegado unos tijeretazos.

Cuando veo Apocalypse, el mundo después se me hace simultáneamente más pequeño y más inmenso. Los dramas de todo los días más insignificantes y más terribles... me remueve el lente, me lo saca, le tira un escupo con barro, lo limpia y me lo devuelve, con manchas nuevas. Como toda esta interconectividad que no sirve de mucho, que es un poco charcha, pero que, optimismo now, en una de esas termina siendo el primer paso tan en bruto de una mentalidad mejor. O diferente al menos. Algún día se irán los mismos de siempre y sus hijos y no habrá títeres ni cabezas. 

También se abrirán las grandes Alamedas, algún día. Desde la cárcel, Alberto Bachelet le escribe a la Gelo, esperando que todo el horror, el horror de la cárcel les haya servido a algunos militares que no se habían asomado ni al balcón a ver cómo era el país hasta que sus propios pares los metieron a la peni. Y de esos hacen apenas 40 años ¿por qué el calor del país no es más húmedo y las extremas termales no están menos separadas? 
Siento que a los movimientos sociales de ahora les falta la guillotina de rigor. Para cortarle la cabeza a Lavín, y a Mañalich y a Piñera y al Lagos Webber y a la Tohá y a todos, todos los que asomen la cabecita por "el palacio de gobierno". (me percato que le agrego artículo definido a la "izquierda", quizás como un guiño de confianza, o el gusto de poner la L ahí - qué exquisitamente tenebrosas las L articuladas por Brando). De paso, los movimientos sociales podrían cortarle el pelo a Villegas y podríamos testear la vieja hipotesis de que sin la frondosa, el muchacho se derrite.

(...)

Me perdí del caballo con la estaca enterrada...me pasa por no ver noticias. Me alienan los malos redactores y los opinólogos populares. Me aliena la estupidez generalizada y trato, por mi parte, de escribir una ciudad distinta. Por si pasa, para que pase. Siento que lo que me reconforta de Apocalypse es esa sensación del tiempo terminado, las ganas de decir "Bombardeennos a todos" y que todo arda y que no quede nada...Si acaso llegar a viejo será ese alivio desesperanzado está por verse.

Que les corten la cabeza, que se vayan todos, Drop the bomb, exterminate them all

Claro, la alternativa es realmente difícil. Son los nudos pequeñitos en los telares, las levantadas temprano para caminar unos kilómetros para irse apretado en el metro para llegar a un trabajo de mierda para pagar las cuentas de la casa comercial del Oso Estafoso para que el niño vaya a la escuela para que algún día le toquen a él las levantadas temprano para caminar unos kilómetros...

Detrás está la gente, cantaba Serrat. Esa gente linda que se muere en ilusiones pequeñas, que me parte el alma en su simpleza y hace que a veces tenga que dejar salas de reuniones en escuelas para dejar caer una lágrima en paz. Es tan lindo el espíritu humano cuando está en su estado más pequeño, o al menos más directamente relacionado con las cosas. Menos alienado, precisamente.

sábado, 11 de junio de 2011

Apocalypse Then

 - El Leo siempre tiene sueños así como post-apocalípticos, con mutantes y cosas raras.


Y quizás sea cierto, o al menos los sueños que hacen que hable en inglés en la noche o le pegue a mi desafortunado compañero en el bus o en el avión. Mal que mal, en algún rincón de mi cabeza el apocalipsis ya fue y estos son, en efecto, los días posteriores. 

La idea del post-apocalipsis, introducida en mi espectro cultural via Mad Max y Terminator 2, se selló en mi mente mezclada con la idea del estado represivo, del cuál 1984 y Brazil son sus exponentes más gráficos. Todo mezclado con la experiencia de crecer en dictadura, las noches de cielo rojo en invierno y esa sensación de tener que llegar a casa temprano porque Algo iba a pasar en la noche, de los días alejado de las ventanas porque Algo podía entrar rebotando desde la calle. Crecí así con el desvío conceptual de pensar que la distopia de 1984 era el apocalipsis, que el fin de la civilización y lo peor que le podían pasar a la humanidad era caer en una fase terminal de fascismo donde no se pueda opinar libremente o haya que quedarse forzosamente en casa durante las noches.

Todavía lo pienso.

Hoy desperté en el futuro, pensando en el futuro como lo imaginaba en esas noches de cielo rojo hace ya más de veinte años. Con pijama nuevo, uno de esos pijamas "de adulto" que sugieren la vestimenta de un lunático más que la vestimenta de un niño (las alternativas locales en pijamas para adulto son básicamente estas: el manicomio o la infancia), me levanté temprano y vi salir el sol por entre los albos edificios, que lentamente reemplazan cancerígenamente a las casas de mi comuna amada. Viviendo en altura, en un espacio pequeño, escasamente decorado y coloreado de un blanco refractante, el opuesto práctico del amarillo absorvente de mi infancia, me levanté y miré el amanecer. En mi mano, una tableta de material sintético, capaz de contener cualquier texto de la historia de la humanidad, en escasas 10 pulgadas. La biblioteca infinita en un espacio mínimo, tal y como la soñé de niño. Más allá, en el velador, otro aparato, con el que escucho música y que además contiene dentro de sus aplicaciones un mapa de la tierra, alterable a cualquier escala. El mapa perfecto no se parece en nada a como lo imaginaba en mi infancia.

Podríamos saberlo todo. O, al menos, podríamos saber cualquier cosa. Podríamos estar haciendo mejores cosas, viviendo en mejores lugares, comiendo platos más ricos...podríamos estar planeando ir a cualquier lugar del mundo y nuestro paraíso no debería ser nada menos que un lugar único y personalizado. En vez, trabajamos por trabajar, queremos ir a los mismos lugares a compartir las mismas experiencias reproducidas en masa, como estampilla de certificación, una suerte de marca de ganado clase V o A, de esa que todos los supermercados proclamaban que era la unica que tenían en venta. Ilusiones todas. Imágenes todas, vendidas como tabla de salvación única y exclusiva.


Y si algo no tiene este mundo son cosas únicas y exclusivas. Acaso hay dos conceptos más reñidos y reunidos a la fuerza por nuestro sistema querido. El gusto por la exclusividad y la imposibilidad de lo único. De fondo, un axioma tan olvidado como evidente: la exclusividad suprema es la unicidad total, lo indecible, lo inefable, lo intraductible.


La experiencia humana.


Así deberían ser nuestros paraísos, nuestras utopías. Ahora, después del Apocalipsis. 

martes, 7 de junio de 2011

OTSL

Ni muerto ni de parranda, querido lector. Ni muerto ni de parranda.

Desconectado de la virtualidad, un poquito, sí. Ocupado trabajando, también. Y el escaso tiempo libre dedicado a ese pequeño gran proyecto que corresponde al Sueño de la Primera Novela Propia.

Hace instantes compaginé las tres partes, en su versión de primer borrador y las guardé.

Cien mil cuarenta y seis palabras tiene. Y se siente tan lejos de estar terminada...
Ni bien terminé la segunda parte, que no comparte (casi) personajes con ninguna de las otras dos, comencé a echarlos de menos. Dicha segunda parte va a ser re-escrita más en torno a las cosas que me faltan por investigar que en términos estructurales, así es que no creo que incluya muchas nuevas peripecias para ellos. Con mayor razón los voy a echar de menos.

Mañana la voy a empezar a leer. Anotaré los cambios que sé que tengo que hacerle a esa primera parte y evaluaré la pertinencia de re-escribir COMPLETAMENTE la tercera parte. Pero ya está. De alguna forma, que se siente un poco como salir invicto de la inspectoría del colegio o como una certeza que es tan firme porque no tiene nada de qué aferrarse, me siento aliviado.

En el proceso de escribirla me pasaron todas las cosas que siempre había leído que te pasan al escribir una novela. La desazón, la soledad, la sensación de que no vale de nada lo que estás haciendo, la sensación de que la historia se escribe sola, los momentos de encuentro en la vida real con los personajes, la sensación de que estás haciendo lo mejor del mundo y nada puede salir mal, los silencios terribles y los silencios deliciosos, las iluminaciones súbitas y los días de digitar l e t r a p o r l e t r a.
Todo resultó ser cierto.
Porque lo inventamos, por supuesto.


Ahora me voy a dormir, espero soñar con algunos de mis personajes queridos.
Gracias por leer, pronto va a haber más o menos cien mil palabras para suplantar el silencio de estos meses.

domingo, 22 de mayo de 2011

sábado, 21 de mayo de 2011

El día de la marcha.

O el día anterior al apocalípsis zombie. O al fin de los tiempos. La realidad explota exponencialmente alrededor nuestro, acercándose al punto de ebullición en que la historia como la conocemos quedará atomizada y vuelta una sola línea de frecuencia, como un pulso marcado demasiadas veces, como el punto que se repitió hasta volverse línea.

La gente sale a las calles a protestar por la belleza de paisajes que nunca ha visto, a marchar por un balance ecológico que no afectará sus vidas en lo más mínimo. Protestan contra una medida que probablemente hará sus vidas más fáciles, en al menos dos sentidos.

No deja de ser hermoso.

Lo que hay de fondo, intuyo, no es ni con mucho un afán ecologista o un interés real por la "belleza de nuestro territorio", para nada. Hay un grito desesperado, ahogado, perdido entre distorsiones electromagnéticas, encriptado entre mensajes breves y descargas binarias. El grito de seres humanos despojados de su humanidad y su capacidad de decisión, el grito de una clase que se conforma por todos aquellos que no tienen derecho a elegir nada de nada en esta vida.
Casi todos nosotros. Todos nosotros.

Cansados de no poder decidir nada, cansados de ver cómo unas figurillas de cartón toman decisiones por nosotros, sale la gente a marchar. Hoy por una central hidroeléctrica, mañana por cualquier otra cosa. ¿Y si marchamos para que los senadores no puedan re-elegirse perpetuamente con la trampa del cambio de dirección? ¿Y si salimos a protestar para sacar de una buena vez a esta tropa de atorrantes y ordinarios de nuestros Congreso y de la vida política?

No, más fácil es decir que no nos interesa la política, más fácil es apretar un botón que dice que esto me gusta que articular una respuesta coherente en la que te explico por qué me gusta.

Decir "soy apolítico" es otra forma de decir "soy un tarado de marca mayor". La economía del lenguaje en acción.

Del otro lado, las figuras del poder reprimen y se dan unas vueltas de carnero para adelante y para atrás. Dicen que las bombas lacrimógenas son abortivas, las prohiben. Días después dicen que han encargado estudios, que la cosa no es tal. Vuelven las bombas.

El estudio data de 1973. No deja de ser horrorosamente hermoso.
Sino es un chiste cruel de las autoridades represivas, es la voz viviente de una ciudad populada aún de fantasmas eléctricos, de esos que se quedaron penándonos en sus últimos estertores en la era en que todavía no podían plasmarse en correos electrónicos y fotos de celular. Toda esa corriente chamuscando la piel del cuerpo nacional, todos esos recuerdos olvidado, a algún lado tenían que ir, a algún lado se fueron.

Y hoy la gente salió a marchar. No queremos más electricidad. Quizás lo que este país se merece es un apagón total. Quizás así nuestras noches se vean iluminados por los espectros aquellos. Es cosa de ver quienes promueven esta Central nomás. A alguien le conviene que las noches estén iluminadas, alguien no quiere ver esos fantasmas.

Mientras tanto, Alguien se está robando Algo. Y aquellos que toman las decisiones siguen siendo los mismos, o sus primos. Y la gente sale a marchar. De a poco, afuera, sin botones cobardes ni gestos virtuales. La revolución será transmitida como un stream simultáneo desde las cámaras de todos, pero será sin emoticons.


Y sí, a mi me gusta esto.

domingo, 15 de mayo de 2011

La verdad de las pesadillas.

La verdad de las pesadillas es, por lo general, bastante más clara que la verdad de los sueños. Esto porque como con todo suceso trágico, una de las dos caras de su signo está clara: su significado es malo. Mientras un sueño placentero nos deja con treinta y siete mil cuatroscientas treinta cuatro interpretaciones posibles de por qué era que ese auto era verde y por qué es que me interesa pasear en un Bugatti del 62 con la prima de mi amiga que nunca dice nada en las fiestas, existe un abanico de opciones bastante más limitado para esas imágenes tormentosas o esas sensaciones de angustia que nos hacen despertar más o menos agradecidos de que el sueño terminó.

Hace un par de años tuve una pesadilla terrible. Desperté confundido y asustado y preocupado del sólo haberla soñado, como si alguien me persiguiera desde mis sueños hasta la cotidianeidad de la vigilia. Me fui a mi trabajo de entonces esa mañana dándole vueltas y vueltas a lo que había sentido al soñar y de pronto, Epifanía Ahora, tuve todo claro. La idea de la pesadilla era mostrarme, precisamente, un cierto aspecto de mí, un miedo a perder algunas cosas que eran absolutamente perdibles; y hacerme repudiar todo eso.
Quedé feliz, me sentí una mejor persona y me atreví a tomar ciertas decisiones. No hay nada mejor que una mala situación dada vuelta.

Hace instantes tuve otra de esas pesadillas. Clarita e iluminadora. Una suerte de psicoanálisis a la vena, entendiendo el psicoanálisis como una sustancia densa y dolorosa, de esas que requieren una tremenda presión de la hipotética jeringa que los inyecta. Todavía tiemblo y este post lo he escrito convaleciendo de ella, de ahí su prosa un tanto más pegoteada de lo habitual. Pero aprendí harto, y comprimido en un par de horas. Mal que mal, la sabiduría de todo el tiempo cuesta un ojo; un par de horas y un mal sueño son un precio bastante barato para una epifanía individual.

Todavía no me decido si las pesadillas te inyectan verdades o te las extraen.

Probablemente ambas.

sábado, 14 de mayo de 2011

Noches Copiapinas.

Las Noches Copiapinas tienen una atadura especial para mí. De niño, cuando vacacionábamos en el Norte Grande, Copiapó era el punto medio, el último destino en que se podía descansar: dividíamos la travesía en dos días porque papá no gustaba de manejar de noche y mamá no gustaba de manejar en carretera. Saldríamos a eso de las 4 o 5 de la mañana de Santiago y a veces conseguíamos un almuerzo tardío en la capital de la III Región. Nos quedábamos en una hostería en la salida Norte, cuya piscina, aún en los años en que no me gustaba para nada nadar, marcaba el comienzo oficial de las vacaciones familiares.

Miento, por supuesto. El comienzo oficial de las vacaciones familiares lo marcaban los sandwiches preparados por mamá la noche anterior, acompañados del café en termo. Comida en movimiento y bebida en termo, dos cosas en las que mi familia sólo incurría durante el viaje de vacaciones.

La hostería seguía ahí años después cuando con Kay vacacionábamos, comprometidos para casarnos, con su familia. Las hizo de campamento base en nuestras excursiones al interior de la región, los bellos y marcianos pasajes de Laguna Verde y alrededores. Fue la última vez que vacacionamos juntos.

La hostería sigue ahí, pasé por ella el otro día en mi camino a uno de los colegios de la zona.


Trabajo acá en las semanas y mi mente apenas se escapa a los lugares de siempre. Los fines de semana voy a Santiago y mi mente colapsa, se tira sobre la cama a dormir, se dedica a visitar a todos los que puede visitar mientras yo estoy ahí, realmente ahí, mi trajepersonalidad de trabajo tumbado en la lavadora del edificio.

Las noches de semana a veces salgo. Trato de no hacerlo mucho porque estoy lo suficientemente viejo para no querer salir si no es con vuelta al amanecer. Hay algo de las noches interrumpidas que me parece profundamente decepcionante, como si no tuviera sentido salir de la rutina para salir a medias. Como si fuera una pérdida de(l) tiempo en potencia. Cuando salgo las noches de semana, con mi trajepersonalidad seguramente escondido bajo mis ropas de civil, me muevo por el centro, no pienso mucho, la memoria contenida en una caja china dentro de otra caja china dentro de otra caja china.

A veces, como hoy, me quedo los fines de semana. Lejos de cargar mis ánimos de fiesta y lanzarme libre de responsabilidad alguna a recorrer todo lo que este pueblo tenga que ofrecerme, me hallo, independiente de mi grado de cansancio laboral, caminando lento por las noches, mirando las estrellas. Inevitablemente, me siento de vacaciones. Me llenan los trazos de esas sensaciones de soledad, de querer estar solo para no estar con mis papás, de querer estar solo, sólo mirando el cielo, tan distinto de mi esquizofrénica ciudad de origen. La reclusión más dulce a espacio abierto.

Mañana continuamos el viaje.

sábado, 7 de mayo de 2011

Compresión

A veces, mi querido lector, la vida se comprime nomás. El tiempo se condensa y uno se encuentra viviendo a un ritmo que le deja a uno todo el sabor del convencimiento de que si nuestra cronología es lineal, dicha línea está más que curvada, torcida, estirada, desvencijada y revolucionada.

Ayer fue un poco así. Viajé de Copiapó a Santiago para no tener un segundo de descanso: entre trámites bancarios, reuniones de trabajo, visitas a doctores que se negaron a darme receta para lentes ("porque tu vista está perfecta, es cosa de que leas menos o disciplines tu exposición al computador"...uno de los problemas de no tener un médico de cabecera, en fin...), y tantas otras cosas, el día de ayer estuvo como esos especiales con muchos actores invitados, de esos en que uno sospecha que la producción no tenía mucha idea de cómo llenar el espacio. Pero estuvo más que bien, reencuentros con gente que no veía hace meses, años incluso, despedidas semi-definitivas de gente que se va para no volver en un tiempo más, caras nuevas por aquí y por allá. "Police on my Back" como soundtrack mental.

Hoy: el otro lado de la curva. La descomprensión de las diez horas de viaje real y las treinta y seis horas de viaje metafórico. Un día en que hice poco y nada que no fuera actualizar sistemas operativos (de computador) y ver mi dosis semanal de Doctor Who: un capítulo justo cómo el que me hubiera gustado ver una semana atrás...pero que esta semana se sintió un poco fuera de lugar. El secreto está en el timing, siempre.

Hoy pijama, pantalón de buzo. Recibir encomiendas y comer rico. Hacer un poco de trabajo de edición en declaraciones de propósitos de amigo. Al pie de la cama, mi traje de party animal, ligeramente agotado y gastado. Había pasado un tiempo sin que lo usara como es debido. No tanto, me responden mis editores internos, estuvo esa vez en Copiapó hace un par de semanas...pero mi sistema operativo en Copiapó es otro. Hasta que no me halle aullando "Rock'n Roll" de Led Zep rodeado de un grupo de gente que conocí hace tres horas no cuenta nomás.

A mi vida le está faltando una suerte de experiencia metafísica, escribí en un mensaje privado esta semana. Postmodernamente un correo de dos meses atrás ya me dice "Copiapó es el mejor lugar de Chile para conseguir cactos de San Pedro". De fondo Joe Strummer canta con el que fuera el último de sus grupos, the Mescaleros. Algo se cocina en el ambiente.

Anoche bajaba la escalera de un local con Lautaro. Después subía la escalera de un local con Lautaro, gritándole por encima de los beats genéricos que la segunda parte de la novela me estaba matando (porque cuando uno grita, las metáforas se vuelven inmediatamente más exageradas y dramáticas), pero que con la reescritura de los personajes de la primera parte podía escribir cinco mil palabras en una noche como si nada. Pensé o sentí, ahora recién artículo, que me gustaría poner una bomba y dinamitar uno o dos edificios con Lautaro. Ahora, al comenzar el párrafo de este post que empieza con "Anoche bajaba la escalera..." me di cuenta que eso es precisamente lo que hacen un par de personajes de mi novela. No alarms and no psychoanalysis, please.

Pongamos más bombas, escribamos más libros. Contémonos más historias y salgámonos más de nosotros mismos, dejando tirados esos trajes viejos, los modelos antiguos de nuestras múltiples personalidades.

¿ya?

Esto suena ahora, al terminar estos párrafos
 

Y la versión de "Police on my back" era la de los Clash, naturalmente, pero téngale un ojo a la original de The Equals, más conocidos como el grupo de Eddie Grant, y por su hit "Baby Come Back".

domingo, 1 de mayo de 2011

La Visión

Remota o no. Real o no. La visión está ahí. Dicen. Cansado de leer y mirar pantallas, la semana que termina hoy estuvo marcada por dolores de cabeza de esos que se vuelven jaqueca express cortesía de no cuidar mi vista. Como tal, volverán los lentes de lectura, que no han sido vistos por estos lados desde el 2004 más menos. De hecho, no han sido vistos nunca en estas páginas y para colmo estoy un poco lejos de la única foto de archivo que existe.
Así es que sí, mi visión me está tirando un poco para abajo.
Lo que no significa, claro, que haya dejado de ver cosas. Muy por el contrario. Terminé de ver Logópolis, la última aventura de Tom Baker como el Doctor; vi mi capítulo de la semana - Detalles de la semana - y mientras escribo esto me encuentro viendo en modo maratón los cuatro capítulos de "Mad Dogs" la serie que reúne al bueno de John Simm con el bueno de Phil Glennister. Entremedio pasaron unos cinco capítulos de 30 Rock, el ya mencionado documental sobre Joe Strummer y Citizen Kane.

Este es el futuro, niños. Hacemos nuestra propia televisión remezclando lo que encontramos por todos lados.


Con todo, esta semana he escrito poco y el dolor de cabeza ha hecho que los avances en la segunda parte de la novela sean literal y figurativamente dolorosos. La semana pasada pasé cinco mil palabras de un cuento en una noche larga que me enseñó a no apurar ciertas cosas y a planificar mejor la próxima vez. Intuyo que los dolores y el agotamiento de la semana se vinculan con ello.

La visión de la semana que pasó parece ser bastante dolida y quejumbrosa, lo bueno es que después de esas experiencias viene una suerte de estado de claridad e intensidad sensorial profundamente grata. Razón por la cuál Virginia Woolf gustaba de pasar hambre, como Jo suele recordarme, razón por la cuál Virginia Woolf terminó como terminó, pero esos libros son increíbles ¿verdad?

Es el Día del Trabajo y Phil Glennister se acaba de mandar una pequeña parrafada sobre como no hay nada en nuestras vidas que no nos haya sido vendido o marketeado de alguna forma y como nos hacemos los giles y seguimos porque hacernos cargo de nuestro destino se nos hace taaaaaan pesado. En algún lugar en el espacio que conecta esos dos puntos está todo lo que representa este día. O lo que debería representar, en medio de un calendario que cada vez se llena más posmodernamente de festividades.

La vida como carnaval y el carnaval para la casa.

Salud.


martes, 26 de abril de 2011

El. Himno.



Hoy me escapé dos horas del bombardeo de esta semana para ver "The Future is Unwritten", el documental sobre Joe Strummer.
Escuchar esta canción siempre siempre ha sido el shock vitamínico preciso para mis días. A veces siento que hay un riff fantasma dando vueltas por ahí por el minuto cuarenta más o menos. Como sea, escucharla es moverse con el pulento espasmo y nada menos que con el pulento espasmo. So you rock around and think that you're the toughest in the world, the whole wide world...

Del documental, nada más que: véalo. Strummer es de esos que nos hacen tanta falta, sobre todo en relación a los que están vivos. Esto parece ser cierto de todos los primeros difuntos de las bandas importantes, Brian Jones aparte, pero qué diablos. La lucidez en el rock es escasa.

Otra cosa que es escasa son mis horas de sueño y como tal voy a reparar semejante afrenta. Tanto más accesible que la otra.

viernes, 22 de abril de 2011

[El Autor] en correspondencia

Hace poco mandé un mail con el siguiente párrafo:

"Por estos días cada vez que pienso en "la crisis de la educación en Xilers" me sale más un demonio interior y me asalta un fascismo horrendo, de aquel que está cansado del mismo circo y quiere puro pegarle a todos los payasos. Por mezquinos, por cerrados, por egoístas y mentecatos. Como que la próxima vez que el Fito Paez o su doppelganger Tito Pavez me cante Quién dijo que todo está perdido le diría "yo, conchetumadre" Blam, blam y a comer corazón de Fito/Tito y a pretender que es el de un Fafnir teutón. Sabiduría al instante para principiantes."


Y esas últimas tres líneas me cayeron tan bien que sentí que deberían darse una vuelta por acá. La referencia a Fafnir podría haber estado mejor pulida, pero oye, todos mis correos los mando en primer borrador.

KAPAW!!

Que, siempre he creído, es el sonido que hacen las balas en los spaghetti westerns. Ese rebota metálico agudo e irreal que indica precisamente en qué capa de la realidad estamos.
Así han estado estos últimos días, métale Kapaw!!

Así de irreales y rebotados.
Algunas actualizaciones de rigor: La segunda parte de Otra Torre avanza suave y lenta y dolorosa, escribirla es un pesar y un agotamiento. Lo que está bien, dentro de todo, pues es toda la idea, es más lenta que la primera, es lineal y sus secuencias son un poco pegotes. Vamos a ver cómo termina todo, pero espero que termine luego. Entre tanto empecé a urdir el experimento que quiero escribir en el Omm Writer. Detalles...cuando los haya, todo es muy vago de momento.
He visto películas y he visto series. Me acompaña 30 Rock en tandas de a cuatro o cinco capítulos y he visto un poco del Doctor Who de Tom Baker. Dentro de la pelis, el gusto iluminador de 8 1/2, también Chungking Express (hace un rato ya), The Secretary, y otras más. En la lista vienen Kane e Ichi the Killer.
Perucca me ha dicho que le de una oportunidad a la segunda temporada de Misfits, dice que es tanto mejor que la primera, así es que vamos a sacar del fondo de crédito de la amistad y la vamos a ver.
Mi lectura regalona sigue siendo el señor Bangs. Gozo con sus expresiones hiperbólicas y sus juicios tajantes, herramientas imprescindibles en el arsenal del auténtico crítico, a mi entender. Me carga la gente que quiere quedar bien con todos y más me carga la gente que se queja de los que tienen una línea clara y un carácter especial. El mundo textual ofrece lugares para todos, pero eso no significa que tengamos que hacerle lugar a los débiles de mente, los cobarde y menos que a nadie a los tontos. Para eso está fotolog o tumblr o lo que sea que la gente que no puede urdir dos frases seguidas use por estos días.

Esta semana escuché dos discos de The New Pornographers, el primero y el último, y la experiencia estuvo bien. Sin grandes puntos altos, ninguno de los dos defrauda...como esa gente que te cae bien pero que nunca se te ocurre llamar cuando quieres hacer algo. Si están bien, y si no, bien también.
Escuché el nuevo de los Guillemots y fue más de lo mismo... lo que fue una real lástima. La gracia del disco es que suena igual a los anteriores, separación temporaria mediante. Lo malo del disco es que suena igual a los puntos medios de los anteriores, sin canciones que brillen. El primer disco tenía Trains to Brazil y varias otras que marcaban distintos ritmos y momentos. El segundo tenía ese pequeño himno que es Kriss Kross y otras platitudes...este sólo tiene platitudes y no hay mucho espacio experimental. Una microdecepción.

Yendo y viniendo, rebotando. Escribiré más coherentemente estimo que en un par de semanas más. Mientras tanto seguirán llegando los posts un poco demasiado agudos para ser ciertos.
No he tenido un segundo para trabajar en el blog nuevo y la verdad es que prefiero tener más cosas escritas y un ritmo mejor antes de inaugurarlo, cosa que no podrá empezar a pasar hasta las ya mencionadas dos semanas.

Mientras tanto, otro rebote de las balas. DJ Shadow con Mos Def haciendo la remezcla de 6 Days.


You say BANG! I say KAPAW!!

domingo, 17 de abril de 2011

Amores Musicales

Me ha estado rondando la idea de las separaciones emocionales y la forma en que nos (des)apegamos a los objetos culturales de la misma forma en que nos (des)apegamos a las personas. En particular el proceso de enamorarse y eventualmente des-enamorarse de una banda, fíjese, a propósito del post anterior y los comentarios a este.

Porque los años pasan y uno cambia y todos los "uno" cambian y es más o menos esperable, parte del juego y entendible si uno tiene más de...digamos 20 años para ser generosos, que las personas que creíamos amar con locura y por siempre se vuelvan individuos que nos son indiferentes o pasen a sernos detestables. Puede pasar, también, con nuestras bandas contemporáneas, porque cambian, porque suenan distinto, las mejores, porque el Pablo Honey no se parece en nada al In Rainbows, por ejemplo. O quizás, si es lo tuyo, si te gustan esos grupos que suenan igual toda la vida, como Oasis, que uno puede hacerse un mixtape sacando una canción de cada disco y suena como un disco coherente, termines un día descubriendo que ya no estás para escuchar treinta y siete veces la misma canción con una letra apenas distinta. Y Roll With It debe ser la única canción que algo se escapa del repertorio de dos o tres variedades que tenían esos dos.

Ahora, todo lo anterior se aplica a una relación moderadamente racional, del gusto por la música, el placer de escuchar una o dos canciones en la radio, comprar el disco, bajar el disco, recomendar el disco. Todo esto en parámetros que son aplicables aún hoy, cuando el mercado discográfico está irremediablemente fragmentado y cualquier banda puede tener seguidores dispersos en todo el mundo y donde alguna vez hubo continentes musicales ahora hay archipiélagos desmembrados, de esos en los que uno puede cruzar de un islote a otro de un paso.
Antes no, antes solía haber Una banda que definía una generación. Después Una banda que definía un género. Ahora uno define sus bandas. El triunfo del playlist por sobre el artista. Así ganamos todos, dicen.

Antes, so pena de sonar como un retrógrada insoportable, uno se enamoraba de una banda y tenía un primer amor marcado e intenso y lleno de ilusiones y sueños de vivir juntos por siempre. La idea podrá sonarle absurda a los technoniños de hoy, pero así solía ser. Si te interesaba esto de escuchar música o estar cerca de "el medio" de la forma que fuera, siempre era porque alguien las había hecho de columna vertebral. Había habido un primer amor y por lo general, o eso creíamos, duraba por siempre.

Todavía le dura por siempre a algunos amigos, observo. Pero claro, también tengo amigos casados y con dos hijos, de esos que ya se resignaron a no ir al cine sino a ver la última de Disney con la familia.

A mí el primer amor musical me duró más o menos de los quince a los veiniticinco. Después terminamos, nos separamos y siguió un odio horrible, intenso y asqueroso, de ese que no quiere saber de la felicidad del Otro con otros. Con la misma inmadurez emocional con las que algunos se separan de sus  primeras y segundas pololas (de nuevo, mejor ser generosos a la hora de trazar estas líneas, los hay inmaduros todo la vida), me quedé solo y dispuesto a pasar tiempo con todas las bandas que quisiera, que vinieran a mí con ganas de ganarse un lugar en mi discografía. Deambulé así por años, medio perdido, pasándolo bien aquí y acá.

Con la idea de la separación y los evidentes paralelos entre el amor y la música rondándome, me he decidido a sanar un poco mi espíritu y me hallo en condiciones de enamorarme nuevamente. No es un proceso fácil - con las personas he tenido más práctica y es algo más esperable, la verdad; me pregunto genuinamente si acaso así es como se sentía tener poco conocimiento de las emociones - con la salvedad que las bandas y la música son más grandes que las personas: atemporales y eventualmente eternas, nuestros procesos con ellas son titánicos, glaciares, de magnitudes que escapan a la dimensión de lo cotidiano.

Pienso que a los Clash los conocí en una fiesta. Los había visto antes, pero fue una fiesta con Pressure Drop la que las hizo de gancho. De ahí en más vinieron los coqueteos, los discos de grandes éxitos. Las referencias veladas en mails y posts. Los comentarios a amigos.
Pasé la noche con la discografía entera de los Clash, mientras buscaba frenéticamente la forma de conseguir el libro que recoge algunas de las columnas de Lester Bangs. Me decidí a leer todo lo que pudiera encontrar, todas las biografías, todas las anécdotas, la historia de todas las canciones. Como cuando tenía quince, sólo que con la perspectiva de alguien que ya ha doblado esa edad. Como despertarse un día y sentir que esto de pololear tiene su chistecito, pero que lo que uno busca realmente es convivir con alguien.

Lo mismo, pero de otra forma.

Estoy enamorado.


De las traiciones y desilusiones que llevan a romper un amor musical escribiré en otro momento, es un día nuevo, domingo a media tarde que se siente de media mañana, aún en pijama, suena Drug-Stabbing Time del Give'em Enough Rope. Pienso en los technoniños y sus doce mil bandas indies sonando en lo que me toma escuchar el Give'em Enough Rope. Sonrío como DeNiro al final de Once Upon a Time in America


No tiene comparación.

El Libro de Lester Bangs se llama Psychotic Reaction and Carburetor Dung y está acá, por si acaso. Disfrutad.

Perseguido en la semana además por la figura del Rumpy, terminaría este post con Amores Incompletos de Los Tres. Pero no.

jueves, 7 de abril de 2011

Macca.

Tengo llamada perdida de Gonzalo, mi mejor amigo desde hace ya unos dieciocho años másmenos. Es raro que Gonzalo me llame a media mañana y más aún un día de semana. No es raro que me llame un viernes en la noche o cualquier día en la noche, o previo a un partido importante. Así es que, señal inequívoca de que me estoy volviendo viejo, le devuelvo la llamada con un dejo de preocupación en mi voz, aunque, señal inequívoca de que no soy viejo, estoy imaginándome que hay noticias tremendas: la productora se adjudicó el programa con la U, salieron los fondos para algo o quién sabe, alguien en alguna oficina ejecutiva creyó en el piloto que escribimos.

Nope, Gonzalo me llama para saber qué localidades tengo pensado comprar para McCartney. Sí, McCartney, Paul. En Chile, en algún momento. Precios ridículos. Y no ridículos de baratos.

Me asaltó entonces El Gran Flash: mi amigo, mi mejor amigo no sabe que en estos años he desarrollado una suerte de alergia a los Beatles. Gonzalo todavía tiene el recuerdo de nosotros como quinceañeros con preocupaciones artísticas cantando el Album Blanco completo mientras nuestros compañeritos andaban en algún lugar entre el grunge y el sound. 

Primera pregunta mental: ¿Cómo se lo explico sin sonar como un perfecto pedante?
Primera respuesta mental: Imposible, soy un perfecto pedante y mientras más trato de no sonar como uno, peor me va.

Lo primero que me sorprende es lo rápido de mi "No, no me interesa para nada McCartney", que sale medio apologético pero lo suficientemente Honesto para que mi amigo me responda con auténtica sorpresa. Le explico un poco que los años han pasado, que no hay nada peor para los gustos de uno que ver surgir a nuevas generaciones de pendejos que se ceban con las mismas anécdotas que tú hace diez años y como te hacen de espejo de lo tarado que eras. Hace poco leí una columna del bueno de Matt Fraction en la que contaba cómo le había pasado lo mismo, pero con Monthy Python. Me sentí menos solo en esta tierra. 
Pero el hecho queda: han sido demasiadas conversaciones con distintos grados de alcohol, con jóvenes ni tan jóvenes sobre los Beatles como Lo Mejor del Mundo y las anécdotas y las historias y los libros y las biografías. Han pasado los años para sentir que la música no es Ni Tan Buena ni ahora ni para los estándares de la época. Lo es, pero no tanto como lo pintan. 
Los Beatles me caen mal como a otra gente la cae mal la Coca-Cola. Aún así...con un combinado...

Aún en mis años de Beatlemaníaco (que fueron como diez, más o menos), McCartney rápidamente se convirtió en mi menos favorito. John tiene ese encanto y onda únicos; y me parece que de los cuatro es el único que realmente creció en esos años, o al menos la forma en que creció me es familiar. Me gusta que haya dejado el grupo, que en su última entrevista dijera todo lo que detesta escuchar esas canciones...y hay algo en su alejamiento del grupo, en dejarlos para dedicarse seriamente a ser feliz con su mujer que me parece tan pero tan sensato y lúcido. Una de mis historias favoritas de Lennon es cuando cuenta que, al dejar la banda, yéndose con un portazo de la fatídica reunión con McCartney et al en el edificio de la Apple records, lo primero que pensó no fue "Acabo de renunciar al grupo más importante de la historia" sino "¡Cresta! Dejé a la Yoko sola con el idiota ese". El idiota ese siendo su socio en la composición de tanto éxito y hit junto.

George Harrison fue mi primera experiencia beatle. Yo tenía 6 años y me gustaba ver el video con cabezas de animales moviéndose, y papá me explicó que ese señor antes tocaba la guitarra en un grupo que había sido importante. Le tengo un cariño entrañable a su carrera solista, y es otra razón para agradecer que se hayan disuelto a tiempo.

A Ringo no se le puede odiar, a menos que uno sea baterista. Amigo personal de Peter Sellers y, como decía Lennon, el único de los cuatro que hubiera sido famoso si el grupo no hubiera existido.


Y después está McCartney, puntilloso, egocéntrico, perfeccionista. El que hacía que sus composiciones fueran ejecutadas hasta el hartazgo y andaba mirando el reloj cuando tocaba grabar las de los demás. El envidioso que montó el Sgt. Pepper's como respuesta al Pet Sounds de los Beach Boys. Y digan lo que digan, pero el Revolver es mejor disco. 

Ok, Macca también está detrás de A Day in the Life y su carrera con los Wings no es del todo mala. Es de esas que producen éxitos como pepitas de oro en un río eso sí, pero no deja de tener méritos. Cuando vino el 93, con el tour del Off the Ground, presentó un show sólido, con todos sus éxitos de solista matizados con algunos de sus hits Beatles.

Yo estaba ahí.

En algún momento de la llamada se lo explico a Gonzalo y no quiero mirar en menos el recital de ahora, no quiero decir que probablemente Macca esté sin tanta voz. Le digo que por lo que he sabido el show en Baires estuvo increíble y que va a ser tremendo, que no se lo pierda. Pero que yo no estoy para eso, que ni siquiera se me ha pasado por la mente. 

Me dice que me voy a arrepentir, pero le respondo rápido y queda claro que nada en el mundo me haría ir a verlo de nuevo. 

No se siente muy bien.


Trato de pensar en los niños beatlemaníacos. Trato de pensar en como los Clash los sacaron de una patada de mi ránking histórico de bandas favoritas, dando paso a la escalad de otros en el ránking. Pienso como he llegado a teorizar a los Beatles como la alternativa fácil: decir que son los mejores es la excusa para no investigar más música, no ir más allá. 

No funciona mucho.


Stupid, stupid Paul McCartney.

miércoles, 6 de abril de 2011

Takeshi Kitano - Kikujiro - Apuntes

UNO. Cómprela-arriéndela-bájela-cuélese a verla a la casa de un amigo.
DOS. Véala.
TRES. Si no le gustó, calcule cuantos minutos de su vida perdió en la película y contácteme. Yo iré personalmente a su lugar de trabajo y recuperaré el tiempo para usted.

CUATRO. Decir más de Kikujiro sobra...es una película muy sencilla, con un argumento simple: niño que no conoce a su madre se va de viaje a conocerla en compañía de un adulto menos-que-calificado. Casi el tipo de películas que podría tener a Adam Sandler de este lado del Pacífico. Y quizás no sería una mala película. La diferencia la hace, siempre niños, siempre, la mano detrás de la cámara.

Porque Kitano lo pasó bien filmando. No tengo ninguna entrevista que lo avale, ni pretendo buscarla, porque se nota. Se nota en el guión, saturado de momentos cómicos por el puro gusto de hacer comedia, que van creando una textura de fondo a la historia principal, como si el director hubiese tenido muy claro lo que tenía que hacer y parte del plan fuera filmar todas esas escenas que acumuló sin filmar en sus años de películas gangsteriles.

Y claro, Kitano sí que sabe de eso de poner la cámara. De tomas amplias y momentos íntimos perfectos, Kikujiro encanta, hace reír y llorar, coquetea con el cliché y sale victoriosa, terminando con un cierre sencillamente im pe ca ble. Se lo prometo.

A modo de cierre, parte de su banda sonora. Si le es moderadamente familiar, es porque compone Joe Hisaishi, el mismo de Chihiro y su viaje fantástico.

domingo, 3 de abril de 2011

El Producto del Día: Ommmmmmmm

Por más que me encantaría venderle una sílaba sagrada para que usted pudiera desbloquear su mente, sacándola del marco de lo cotidiano y aceptando su existencia como una parte que es igual al Todo; la verdad solamente quiero hablarle de un procesador de texto...

"Soy un convencido que, como las plumas y los cuadernos, las interfases que usamos para escribir son claves en la textura de lo que escribimos: el teclado externo del iPad es perfecto para escribir artículos y piezas de opinión o borradores, sobre todo cuando escribo ocupando el iA writer; y de alguna forma los avances sustanciales en Otra Torre sólo los he podido hacer acá, en el teclado del macbook, en Pages"
(De la correspondencia privada entre [El Autor] y la gente extremadamente inteligente con la que [El Autor] sostiene correspondencia privada)


En efecto, la escritura tiene una textura y un ritmo distinto según los materiales que usemos. Por eso nos acomodan distintos lápices, distintos espacios para hacer o decir tal o cuál cosa. El producto del día hace un poco de eso, genera un espacio especial y distinto para concentrarse en la escritura. 
Botón de muestra,
Introducing OmmWriter Dāna from herraizsoto&co on Vimeo.


Los colores y la musiquita del trance pueden ser un poco apestosas, pero se pueden desconectar y claro, usarlas cada tanto ayuda. Lo mejor de Omm Writer, por paliza, es la forma en que engloba TODA la pantalla, volviéndola un espacio de trabajo en blanco, sin siquiera la barra superior de comandos, que en un Mac te recuerda todas las Otras Cosas que puedes hacer. Sin salidas, es más fácil enfocarse en esa enorme página en blanco, que al ser de colores no aparece tan amenazante como otras páginas en blanco.
Lo mejor-lo mejor de Omm Writer, eso sí, es poder programar el ruido de las teclas. No hay nada mejor para encontrar o inventar un ritmo de escritura que poder disponer de distintas opciones para el tecleo. Nada.

Lo pueden encontrar en su versión gratuita en la página misma del proyecto (Omm partió como una aplicación interna en una empresa y ahora mismo se han decidido a regalar/comercializarla) y claro, si están en un país desarrollado pueden comprar la versión completa, con más músicas y ruidos, o si están en un país cuya economía depende necesariamente de la compra de sus insumos básicos por parte de los mercados internacionales, pués vaya y descárguelo por ahí, por ahí.

El link es cuestión es para la versión de Mac del Ommwriter...la versión de PC será su desafío, si le gustan esas cosas. Sino, la muestra gratis está para los dos sistemas. A cada cual lo suyo.


lunes, 28 de marzo de 2011

Cuatro años.

Acabo de terminar la cuarta temporada de Californication. Usted que no es nuevo en estas páginas recordará esa primera gran maratón que me dí por allá por el 2008, recién vuelto de Estados Unidos. Esta temporada, en efecto, la empecé a ver allá en su país de origen...en el computador también, porque el día del estreno en casa veíamos algún partido del fútbol universitario o algo así.

Termina con esta temporada el ciclo que comenzó el 2008. Entendiendo que los guiones necesitan más que un refresco, el creador de la serie, Tom Kapinos, ha dicho que la proyectada quinta temporada llevará a Hank Moody por otros derroteros. Este, querido léctor, es el momento justo para salirse de la serie.

Y tengo un poco de ganas, la verdad.

No porque la primera mitad de la temporada, fiel a su estilo, haya sido un poco más de lo mismo y el sexo por el gusto del sexo en situaciones semicómicas bordeando el inverosímil; ni porque recién en el capítulo 7 (de 12) la serie retomara su inversión en personajes profundos, o al menos queribles. Quiero dejar de ver Californication por la misma razón por la que hace cuatro años no concebía una segunda temporada: es un ciclo bien acabado, no quiero que estos personajes se vengan abajo. Se dice que lo importante en una historia es saber cuándo dejar de contarla. Y se dice bien.

Más que por eso, también es porque me duele el hígado.

O algo.

Algún órgano interno único y bien dispuesto me quedó doliendo en esta segunda sentada (vi esta temporada en dos tandas), donde el personaje de David Duchovny va desfilando a paso firme al despeñadero y uno no puede hacer más que, espectador que es, ver. Porque el final de este ciclo de historias no vino con las sonrisas o el estupor de otras temporadas, y porque durante la recta final de la serie no hay un sólo momento catártico. O hay muchos muy pequeños y me fue imposible asirme de ellos. Sí, mi querido léctor, yo suelo llorar con una serie que, entre sus muchos momentos, tiene a su haber una escena de eyaculación femenina.
Hank Moody va directo al despeñadero y no cae del todo pero tampoco hace nada por salir. La cuarta temporada termina y nos quedamos sin mucha iluminación contextual y con un cierre narrativo más bien suave; Californication en todo su hiper-realismo y maqueteo conceptual termina pareciéndose un poco mucho a la vida misma.

Si eso no es mimesis, la mimesis dónde está.



De nuevo, la clave de la serie está en el episodio 8.
Por aquí más o menos: